Todas las entradas de: Julio A. Castro Almazán – IAC

Historias de la Primavera

El preciso instante en que pasamos del invierno a la primavera ha marcado mitos y culturas desde el comienzo de la humanidad

“La primavera”, por William-Adolphe Bouguereau (1886).
“La primavera”, por William-Adolphe Bouguereau (1886). Joslyn Art Museum.

No había nadie en la antigüedad que no conociera los solsticios y los equinoccios. Hoy ya no es así, porque la supervivencia no depende de ello. Pero no nos equivoquemos, no hemos dejado de ser seres humanos y, por ello, irremediablemente simbólicos. Escribir una crónica sobre solsticios o equinoccios es contar una historia del calendario, de la cosecha, de sobrevivir al invierno o del amor de verano. Son nuestros grandes eventos astronómicos y no hemos dejado de estudiarlos, festejarlos e insertarlos en nuestras vidas. Sigue leyendo

“HASTA MI CRIADA LO HARÍA MEJOR”

La escocesa Williamina Fleming, empleada en la casa del director del Observatorio de Harvard, terminó siendo una pieza clave en la aparición de la Astrofísica.

Williamina Fleming hacia 1890
“Williamina Fleming hacia 1890 junto al sector de la placa, de 1888, en la que por primera vez identificó la nebulosa Cabeza de Caballo y una toma reciente del mismo campo (grupo de astrofotografía del IAC, 2012)”

“¡Hasta mi criada haría un trabajo mejor!”, pero el profesor Pickering jugaba con las cartas marcadas cuando les lanzó estas palabras de “ánimo” a sus ayudantes en Harvard. Delante de ellos se acumulaban las placas fotográficas con los espectros estelares más detallados captados hasta la fecha. Las primeras placas de una enorme serie que, a la postre, estará llamada a ser la llave con la que la vieja Astronomía dará paso a una ciencia nueva: la Astrofísica. Sigue leyendo

EL NON PLUS ULTRA DE LA BESTIAS

Piazzi Smyth en Tenerife: el inicio de las observaciones astronómicas modernas

Fotografía estereoscópica de Piazzi Smith.
Charles Piazzi Smyth en Guajara, frente al Teide, junto a su telescopio (imagen estereoscópica). Créditos: The Royal Observatory, Edinburgh.

Muchos años después, en su Bronca en la Física, Ortega había de plantearse en qué consiste. ¿El científico debe adaptar sus ideas a los fenómenos o, al revés, adaptar los fenómenos mediante una interpretación a ciertas ideas a priori independientes del experimento? Es el conflicto entre teóricos y experimentalistas. Charles Piazzi Smyth y Jessie Duncan no eran ni lo uno ni lo otro. Se inscriben en lo que podríamos llamar aquí “ciencia aventura”. No al revés, la aventura científica, en la que prima la expedición, como Livingstone o Scott, sino la ciencia como objetivo llevada al límite de las observaciones. Las observaciones, y con ellas la técnica, se convierten en el motor de la ciencia, en contraposición al azar, según evolucionaría el propio Ortega poco después. Pero la ciencia también ha de ser el contenido necesario para llenar el hueco de la técnica por sí sola. Sigue leyendo