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Comunicado

Discurso del Director del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) en el Foro España Innova

6 Feb. 2012

PODEMOS SER COMPETITIVOS EN I+D+i , también ahora
(Análisis de un caso de éxito: ASTROFÍSICA ESPAÑOLA)

Francisco Sánchez

Foro España Innova, 6/2/2012

No voy a hablarles esta mañana ni de planetas extrasolares, ni de estrellas de neutrones, agujeros negros, materia obscura, energía obscura, ni de ninguna otra maravilla del misterioso Universo al que pertenecemos.

Tampoco es mi intención hacer un discurso apologético, resaltando los mil y un beneficios de la Ciencia y del poder de la investigación para promover la competitividad y la recuperación económica, (todos los aquí presentes ya lo saben). Me voy a concretar, (siguiendo el objetivo de esta tribuna, que está concebida para “difundir las mejores practicas en relación a la I+D+i”),  en analizar (muy someramente) un “caso de éxito” que conozco bien: el nacimiento y el desarrollo espectacular de la Astrofísica en España. Con intención, claro está, de extraer de esta realidad  alguna enseñanza practica, que podría ser de utilidad (¿porqué no?) en las difíciles circunstancias de la ciencia en España, sometida a recortes y más recortes.

(Siento no poder apoyarme en el power point, y como el tiempo es tan ajustado y pretendo ser conciso y claro, he optado por empezar a leer lo que he escrito)

La astrofísica española ha experimentado un desarrollo espectacular, pasando de la nada a situarse, en poquísimo tiempo, a un nivel comparable al de los países más desarrollados. Con una contribución del 6,7% de las publicaciones mundiales en la materia, somos ya el octavo país productor de resultados astronómicos (en 1981 solo lo hacíamos con un 0,81%, y en 1960 con 0%). Este 6,7%  descolla sobre el 3 % que es la contribución media del resto de las ciencias españolas. Ya somos unas 800 las personas que trabajamos en esta rama de la Ciencia (unas 500 son doctores), repartidas en  40  ubicaciones (centros, departamentos y grupos de investigación). Además nos hemos incorporado a ALMA, y a  ESO (el Observatorio Sur Europeo). Y hemos sido capaces de construir el Gran Telescopio CANARIAS (GTC), el mayor, y el más avanzado, telescopio óptico-infrarrojo del mundo.

En paralelo han ido creciendo y consolidándose las tecnologías conexas a la Astrofísica. Muestra de ello es ver como nuestros centros de investigación, junto con nuestras empresas,  están participando, cada vez con mayores responsabilidades y éxito creciente en la fabricación de instrumentación astrofísica, para telescopios en tierra y para los programas científico-tecnológicos de la ESA y  de otras agencias espaciales.

El panorama que acabo de esbozar, de forma resumida, contrasta con el hecho (poco conocido) de que a mitad del siglo pasado en España no se hacia Astrofísica. Hay que esperar a principios de los setenta para que se dote la primera cátedra de Astrofísica de la universidad española, (en la Universidad de la Laguna), y habría que esperar aún diez años más para que se empezasen a crear cátedras de esta materia en el resto de nuestras universidades.

De este despertar tan rápido se habla en la comunidad científica internacional como del “milagro español de la Astrofísica”. La verdad es que resulta insólito el haber  pasado, en solo medio siglo, de no estar a estar entre los primeros.

Es bien sabido que el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) ha servido de palanca para este espectacular despegue, y sigue sirviendo de motor en su desarrollo actual; sin convertirse por ello en un mero centro de servicios, como lo prueba el ser uno de los ocho centros que han obtenido la acreditación de excelencia Severo Ochoa. Lo cual no quiere decir que seamos nosotros (quienes trabajamos ahora en el IAC)  los únicos buenos de la astrofísica española (¡menos mal!). Actualmente hay excelentes investigadores y tecnólogos de esta rama de la Ciencia en universidades y centros de investigación de toda España, (¡y yo me siento muy feliz de que así sea!). Como también lo soy, viendo que  los astrofísicos españoles, esparcidos ya por todo el mundo, gozan de gran prestigio allí donde se encuentren.

Una vez dicho todo esto a modo de introducción, voy a tratar de señalar algunas  claves (en mi opinión)  de este “caso de éxito”.

Le he dado muchas vueltas al como presentar las cosas, y al final he optado por usar como esqueleto de mi exposición los caminos principales que (a mi juicio) hemos transitado. Los he llamado ejes.

Primer eje: COOPERACIÓN INTERNACIONAL

En el año 1959, se vio en Canarias un eclipse total de Sol, y vinieron a observarlo astrofísicos de diversos países. Su estancia en Canarias les hizo recordar que, si bien no había ningún observatorio astronómico en las Islas, expediciones científicas antiguas hablaban de  las maravillas del cielo de las cumbres de Tenerife. Y terminaron convenciendo a las autoridades españolas para que se hiciese aquí una campaña de "prospección astronómica".

Entonces el Ministerio de Educación Nacional toma cartas en el asunto creando, sobre el papel, el Observatorio del Teide (bajo la dependencia del Rectorado de la Universidad de La Laguna). Poco después su Rector, junto con el catedrático  de Astronomía y Geodesia de la Universidad Complutense, me buscan y me terminan convenciendo para ir a Canarias a comprobar si los cielos de sus cumbres reunían los requisitos exigidos por la observación astronómica moderna. Y así es como el que les habla, en los primeros días del año 1961, llega a Tenerife para hacer la "prospección astronómica", (dotado tan solo de un telescopio, comprado a un aficionado de Barcelona, y de un viejo pirheliómetro que tiene que modernizar sobre la marcha).

Los resultados que empiezo a obtener me convencen pronto, de que estas cumbres eran un lugar excepcional para la observación astronómica. Pero, dado el panorama español y la penuria investigadora del momento, resultaba evidente, e imprescindible, el atraer a instituciones científicas extranjeras para que instalasen sus telescopios en  Canarias. Así que en la década de los sesenta nos dedicamos no solo a la prospección, sino también  a promocionar por el mundo las bondades de los cielos canarios.

Fuimos consiguiendo que nuestros colegas viniesen y repitiesen ellos mismos la prospección astronómica para comprobar lo que predicábamos. Una vez aquí procuramos que les calase la idea de que ellos tenían los telescopios, pero nosotros un cielo excepcional, por lo que era un buen negocio trabajar juntos.

No fue fácil tampoco  lograr que nuestras autoridades entendiesen que el cielo de las cumbres de Canarias era un “recurso natural” atractivo y explotable.

Hoy más de sesenta instituciones científicas de veinte países tienen sus telescopios en instrumentos emplazados en los observatorios del IAC (el Observatorio del Teide, en Tenerife y el Observatorio del Roque de los Muchachos, en La Palma). Constituyen de hecho el European Northern Observatory y son una plataforma de observación polivalente protegida por ley, lo que les hace una reserva astronómica modelo. Y siguen siendo un atractor para la instrumentación más avanzada.

Su inauguración, en 1985 fue muy sonada, con la Familia Real al completo, cinco jefes de estado europeos más, ministros, autoridades y la comunidad científica internacional encabezada por cinco premios Nobel.

Para llegar a esto, antes mantuvimos una complicada negociación que duró seis años. Pues en el modelo que venían usando nuestros colegas europeos, los observatorios eran meras estaciones de observación (todo se preparaba y se explotaba fuera del país de acogida). Mientras los autóctonos se utilizaban para funciones de bajo perfil.

Pero nosotros lo teníamos claro, queríamos tres cosas por el cielo de Canarias:

1.   Telescopios e instrumentos de última generación, de uso compartido

2.   Formación para nuestros jóvenes científicos e ingenieros

3.   Conservar la soberanía: los observatorios serian del IAC, y los extranjeros  estarían en ellos como invitados.

Finalmente, en 1979, España firma el tratado denominado Acuerdo de Cooperación en Materia de Astrofísica, a través del cual se abrieron los observatorios del IAC a la comunidad científica internacional y se sentaron las bases de colaboración multinacional que hoy siguen dando frutos. Nuestros objetivos los habíamos alcanzado con creces: por el uso astronómico del "cielo de Canarias" recibíamos el 20% del tiempo de observación,(libre de gastos), más un 5% para programas cooperativos, y además, becas de formación en los países firmantes. Y los observatorios eran nuestros, y no un enclave extranjero. Todo ello, y en especial la disponibilidad de tanto tiempo de observación en telescopios tan avanzados, puestos en un sitio de tanta calidad astronómica, ha sido y sigue siendo  una herramienta clave para el desarrollo de la Astrofísica en España.

Como entre los objetivos permanentes del IAC está el atraer telescopios de última generación, y pese al desastre del E-ELT, seguimos promocionando por el mundo los observatorios de Canarias. Nuestra próxima incorporación esperamos que sea el  Telescopio Solar Europeo (EST). Un proyecto ya en fase de diseño conceptual, liderado por el IAC, y en el que participan 29 instituciones de 9 países europeos.

Segundo  eje: Formación de investigadores y tecnólogos

Todos sabemos que las personas, siempre, son la clave del éxito de cualquier empresa. Con buena gente formada se pueden hacer buenas cosas, y con mala gente es imposible. (No voy a insistir en ello : es una obviedad). Añado otra obviedad más: para hacer buen vino se necesitan buenas uvas, y para lograr jugadores de primera se necesita una buena “cantera”.

Desde los comienzos nos planteamos una estrategia para formar astrofísicos. Empezamos, naturalmente, mandándoles fuera a hacer su doctorado. También nos dio muy buenos resultados la táctica de “ir del brazo”: cuando conseguíamos que instalasen en nuestros observatorios un telescopio solar (por poner un  ejemplo), pegábamos jóvenes despiertos a los experimentos astrofísicos extranjeros propietarios del  instrumento, y así iniciábamos nuestro grupo autóctono de Física Solar; que lo logrado era un telescopio para el infrarrojo, hacíamos lo mismo, e iniciábamos un grupo de Astronomía Infrarroja. Y así sucesivamente.

Después empezamos a  montar la formación en casa. Y vimos ventajas en el empezar por el tejado. Así, en 1975 conseguimos del  Gobierno que se nos encomendase lo que se llamó el “Programa Nacional para la formación de investigadores en Astrofísica”, como tercer ciclo de la Universidad de La Laguna. Con licenciados de todas las universidades, cuidadosamente elegidos, formamos los primeros doctores en astrofísica. Este grupo inicial de excelentes científicos ha sido levadura para las siguientes generaciones de astrofísicos en toda España.

Otro hito importante en el camino de la capacitación de personal, se logró en 1983, cuando convencimos a la Administración para que, al igual que en los hospitales había “médicos residentes”, en nuestros observatorios hubiese “astrofísicos residentes”. Y así empezó nuestra Escuela de Postgrado, que sigue acogiendo a jóvenes licenciados e ingenieros ( hoy procedentes de todo el mundo) que se incorporan a nuestros grupos de investigación, para formarse y para realizar su tesis doctoral.

Este sistema de formación se completa, además, con las becas dotadas a través de los Acuerdos de Cooperación en Astrofísica, que permiten a jóvenes astrofísicos españoles continuar su formación en centros extranjeros de reconocida tradición y prestigio.

La formación de investigadores en Astrofísica continúa con los doctores recientes. El IAC recibe investigadores posdoctorales de diversos países y, a su vez, envía a sus jóvenes doctores a instituciones de todo el mundo.

Un paso más en este afán de, nos llevó a crear e institucionalizar la Canary Islands Winter School of Astrophysics. Desde 1989  hasta hoy, cada año, ocho profesores elegidos entre los mejores especialistas del tema del año, conviven con jóvenes astrofísicos de todo el mundo, cuidadosamente seleccionados. Las lecciones  son publicadas desde entonces por Cambridge University Press, formando una serie de auténticos anuarios de puesta al día al más alto nivel, que no faltan en ninguna biblioteca de astrofísica.

Recientemente hemos puesto en marcha, con financiación “consolider” y la colaboración de la Universidad de Florida y de la Universidad Complutense, la International School for Advanced Instrumentation (IScAI), unos cursos muy  densos y muy selectivos para completar la formación de alto nivel en instrumentación científica de profesionales.

En estos momentos, siete universidades españolas tienen máster de Astrofísica, y dos de ellas todos los grados, incluido el doctorado, pero además, los grupos de investigación de los institutos de astrofísica forman investigadores a través de tesis doctorales. Muestra de este esfuerzo formativo es que se están presentando unas treinta tesis al año (1/3 de las cuales son ULL-IAC).

La mayor garantía de futuro para cualquier centro de investigación es, no solo, su capacidad de atraer a los mejores, sino también lograr retenerles. Para lo cual no basta solo el “pedigrí” del centro, se necesita además perspectivas de trabajo. Y aquí radica (para mi) el mayor drama causado por los recortes presupuestarios que estamos padeciendo (y me estoy refiriendo a toda nuestra ciencia y su tecnología conexa, no tan solo a la astrofísica). Si no hay puestos de trabajo, empujaremos a nuestros jóvenes a que tomen  otros rumbos. Por esta camino expatriaremos a nuestros mejores cerebros. Recuperarnos de esta sangría costará años (si es que se consigue).

Tercer eje: Apuesta decidida por la tecnología

La historia de la Astronomía es la historia de la observación astronómica. Cuando se usa un instrumento novedoso para mirar al cielo descubren nuevas cosas, y nuestro conocimiento de Universo avanza (así de simple). Recordemos a Galileo y su pequeño catalejo, y como revolucionó con sus observaciones nuestra concepción del mundo. Este es el ejemplo más conocido, pero hay muchos otros en los que los saltos tecnológicos provocaron cambios de paradigma.

Hoy día seguimos necesitando nuevos instrumentos, pues queremos observar y medir cada vez mejor y más lejos. Y la necesidad de  ver lo que no se ve y llegar a donde no se puede llegar, fuerza a desarrollar  tecnologías revolucionarias. La observación del Universo pone en reto permanente a la tecnología, por eso en nuestros centros de investigación no solo se usa tecnología puntera, sino que también  se genera.

Cuando en la década de los setenta vimos que se iban materializando las posibilidades de que telescopios potentes extranjeros llegasen a Canarias, nos planteamos la cuestión de la tecnología autóctona. Recuerdo que había dos tendencias: la de quienes eran partidarios de utilizar esos telescopios para hacer simplemente ciencia y publicar y publicar, sin necesidad de pringarnos en la complicada y costosa cuestión de la construcción y mantenimiento de instrumentos; y la de quienes pensábamos , con visión de futuro, que había que embarcarse en la instrumentación astronómica, no solo para tener instrumentos propios, sino también para saber hacer y generar tecnología trasferible al entorno (como era habitual  en los países avanzados). Finalmente ganamos los que pensábamos que había que invertir esfuerzos y medios en “aclimatar” en España las tecnologías astronómicas, (como lo predicaban ya en el Siglo XVIII nuestros marinos-astrónomos ilustrados).

Así que empezamos a montar talleres y laboratorios, y a formar tecnólogos, y no solo astrofísicos. Para aprender más deprisa, nos pusimos a diseñar y construir instrumentos para los telescopios extranjeros de nuestros observatorios. Y planificamos ,fundamentalmente para aprender, la realización de un pequeño telescopio (de 80 cm.), pero dotado con todos los refinamientos de los modernos telescopios. Tardamos mucho tiempo en finalizarlo, pero ello nos daría el saber hacer y la confianza necesaria para meternos, años después, en la desmesurada aventura de hacer un telescopio de más de diez  metros.

El ejemplo del IAC de implicarse en la instrumentación científica y la trasferencia tecnológica, ha sido un referente y un estímulo para los nuevos grupos y centros de astrofísica que han surgido en el país, quienes también han asumido en sus idearios este compromiso tecnológico. Así, la astrofísica española hoy, coaligada con nuestras empresas del sector, compite internacionalmente con éxito en la realización de instrumentación astronómica  para tierra y espacio (como lo pueden confirmar los empresarios del sector aquí presentes).

Conscientes de que había que entrar en la astrofísica desde el espacio, pese a tener tantos y tan buenos telescopios disponibles en nuestros observatorios, nos pusimos manos a la obra a finales de los setenta. Para iniciamos, empezamos construyendo “cargas útiles” para los cohetes de sondeo que se estaban lanzando desde Arenosillo (Huelva) por el INTA. Y animamos al Instituto de Astrofísica de Andalucía a  unirse a nosotros, y produjimos juntos unos espectrómetros simples y sólidos para estudiar la luz del cielo nocturno (atmosférica y extraterrestre), que volaron con éxito entre 1981 y 1982.

La primera vez que España construye instrumentación astronómica para el espacio es en la década de los ochenta, siendo el IAC quien la realiza: (el ISOPHOT-S del satélite infrarrojo ISO de la ESA), al que seguirían  instrumentos para la misión solar SOHO, etc. Hoy los centros de investigación astrofísica españoles están participando en casi todas las misiones astronómicas de las principales agencias espaciales.

En nuestro afán por transferir tecnología al entorno, convencimos al presidente del BBV (como él mismo ha contado) para crear una empresa que drenase nuestras capacidades tecnológicas. Y en 1988 nace GALILEO Ingeniería y Servicios S.A., participada por dicho Banco, Iberduero, Cajacanarias y el propio IAC. Tengo que decir que tal empresa ha ido evolucionando, pero aun continúa en el mercado. 

En estos momentos estamos empeñados en abrir una nueva vía complementaria para ceder conocimiento, en cooperación con el sector empresarial que nos es afín, a través de un centro tecnológico con mayoría de capital privado. Queremos reforzar las potencialidades tecnológicas españolas no solo en astrofísica y espacio, sino también  en instrumentación científica para medicina y medio ambiente. El banderín de enganche está abierto y el modelo es flexible. (a quienes de ustedes les interese la apuesta, acérquense y hablamos) También con ello queremos posibilitar el crecimiento de un nuevo tejido empresarial tecnológico en Canarias.

Mención muy especial (en este recorrido a uña de caballo que estoy haciendo) merece el diseño, construcción y puesta en explotación del Gran Telescopio CANARIAS (GTC), el mayor y más avanzado telescopio óptico-infrarrojo del mundo en estos momentos. Que además, es el primer proyecto de “gran ciencia” liderado por España, con el que la ciencia-tecnología españolas han dado un salto cualitativo en el ranking internacional.

Está operativo desde 2009, año en que fue inaugurado en el Observatorio del Roque de los Muchachos por nuestros Reyes, y su primera piedra fue puesta por el Príncipe en el 2000. Pero su historia empieza mucho antes, y tiene lecciones que pueden ser de utilidad. Algo diré, aunque no haya tiempo para  contarles aquí la totalidad de esta aventura, tachada de imposible por gente de dentro y de fuera de nuestro país, quienes hicieron, eso sí, todo lo posible para hacerla imposible.

Primero soñamos con construir un telescopio de la clase 8 m. ,a finales de la década de los ochenta.  Para lograrlo nos aliamos con el Royal Greenwich Observatory, que acababa de instalar en el Observatorio del Roque de los Muchachos un telescopio de 4,2 m. (el tercero mayor del mundo entonces). Cuando teníamos su diseño conceptual y estábamos formalizando la asociación para construirlo, nuestros colegas británicos dieron un cambio brusco de estrategia  y decidieron unirse a los americanos para hacer dos telescopios de esta clase, uno para el Hemisferio Norte y otro para el Sur (proyecto GEMINI). Pese a tan grave descalabro, no tiramos  la toalla  y seguimos en solitario tanteando posibilidades. Y al principio de los noventa el Presidente del Gobierno de Canarias comprendió que hacer un telescopio de diez metros suponía prácticamente el mismo costo que la construcción de un trozo de espigón de análogas dimensiones en alguno de los puertos de Canarias, mientras sus retornos científicos y tecnológicos no tenían comparación. Y se creó GRANTECAN S.A. Con el  tiempo, y algún cambios de gobierno, se logró que el Estado participase en esta empresa pública, (gracias a la acción decidida de la Oficina de Ciencia y Tecnología de la Presidencia del Gobierno). Posteriormente conseguimos que se uniesen  al proyecto Estados Unidos y México.

Se logró que más del 70% se construyese en nuestro país, no por casualidad, sino porque desde el principio se pensó en utilizarlo como elemento movilizador de nuestras industrias de tecnología avanzada. Y en el Ministerio de Industria y la Consejería correspondiente del Gobierno de Canarias, se articularon ayudas para que nuestras empresas pudieran hacer proyectos precompetitivos en relación con los elementos fundamentales del telescopio. Así, a la hora de las licitaciones internacionales abiertas, rigurosamente hechas, bastantes empresas españolas las ganaron no por ser españolas, sino por sus mejores soluciones técnicas y precios.

Nuestros  objetivos eran:

1.   Dotar a la comunidad astronómica española de un instrumento propio muy competitivo.

2.   Mantener los observatorios de Canarias entre los primeros del mundo.

3.   Estimular a la industria española de tecnología avanzada.

4.   Prestigiar a la ciencia y la tecnología españolas.

Estos objetivos se están cumpliendo más que adecuadamente.

Aunque el primero, (en mi opinión), no estará completado del todo, pese a que el telescopio está terminado y tiene prestaciones que sobrepasan las previsiones, hasta que nuestra comunidad astrofísica alcance con el GTC resultados notables que lleven al liderazgo de campos importantes del saber a alguno de sus grupos científicos.

El segundo está conseguido: los observatorios de Canarias siguen en primera.

El tercero va muy bien, pero es un objetivo siempre abierto a través del desarrollo de  nueva instrumentación focal para el telescopio. Las empresas españolas participantes en la construcción del GTC han adquirido los conocimientos, (trabajando “al alimón” con nuestros centros de investigación), la visibilidad y el prestigio como para estar obteniendo importantes contratos internacionales.

El cuarto está conseguido: España ha consolidado su posición en la astrofísica mundial y ha mejorado su prestigio científico-tecnológico en general, como lo ven cuantos se mueven en los foros y organizaciones científicas internacionales.

No debo ocultar que ahora existe un grave problema: los gastos de funcionamiento del GTC están bajo mínimos, y ni siquiera  hay un acuerdo entre el Estado y el Gobierno de Canarias que garantice su financiación.

Me explico: Los costos de funcionamiento anual de una instalación de esta envergadura son habitualmente estimados entre un 8% y un 10% de la inversión realizada, (en este caso de algo más de 140 M €.). La operación del GTC requiere un presupuesto anual de entre 11 y 14 millones de euros, para suministrar un servicio completo y de calidad que mantenga competitiva esta gran instalación científica. Pero se está gastando en costos de funcionamiento solo unos 6 millones de Euros anuales, (¡poco más del 4% de la inversión!). Espero que el nuevo gobierno resuelva este sinsentido,  de lo contrario la competitividad del GTC será imposible. (No se puede tener un bólido de formula uno y querer mantenerlo al precio de un seiscientos).

¿Se perderá la gran oportunidad que tenemos de situarnos en los primeros puestos de la astrofísica? (Con todo lo que ello supondría también para la industria y economía del país). En estos momentos de penurias económicas, cuando más que nunca se necesita priorizar, da miedo pensar que nuestras autoridades puedan mantenernos embarcados en inciertos y costosos proyectos internacionales de gran ciencia, dejando  ahogarse a los que tenemos en casa (no hay que olvidar el viejo refrán de que “más vale pájaro en mano que ciento volando”).

Cuarto eje: Difusión de la ciencia en la cultura

Desde los comienzos entendimos que los investigadores teníamos la obligación de acercar la ciencia a la gente, de difundirla en la cultura. Mucho más urgente en un país como el nuestro tan atrasado. La divulgación, para hacer la ciencia accesible a todos, ha sido una preocupación y un compromiso constante del IAC. Por eso fuimos en España el centro de investigación pionero en crear y mantener una unidad permanente de “cultura científica”. No voy a cansarles con una relación de las muchas actividades que hemos hecho y seguimos haciendo. (En la web del IAC pueden mirarlo aquellos que lo deseen)

Estamos empeñados en que los conocimientos básicos sobre ciencia y tecnología sean también parte de la cultura general. Puesto que sin esta cultura integral en los ciudadanos no podremos ser un sociedad moderna y competitiva. Y cuando hablo de ciudadanos me refiero también a nuestros políticos, a nuestros empresarios, a los periodistas, a los artistas, y en especial a cuantos tienen más visibilidad publica, ya que no es infrecuente que alguno de ellos haga gala de su acultura científica (¡todavía a esta alturas!). 

Un paso más dado por el IAC es la promoción del turismo astronómico. Hemos puesto en marcha la Fundación “STARLIGHT para la difusión de la Astronomía” (de capital privado mayoritario), que pretende incidir con eficacia en el sector turístico a través de la Iniciativa Starlight, (apadrinada, entre otros organismos internacionales, por UNESCO, la Organización Mundial de Turismo de Naciones Unidas, y la Unión Astronómica Internacional).

Los retornos en este empeño cultural son lentos, pero terminan siendo solidos, y florecen sociedades más avanzadas. Por otra parte quienes divulgan reciben su reconocimiento. En Canarias “el astrofísico” (como allí llaman al IAC) es querido por sus ciudadanos, que le ven como un referente, y una muestra de modernidad que prestigia  su tierra. (Si hubiese tiempo, podría contarles anécdotas muy significativas y entrañables).

Quinto eje: Fe, constancia y unidad

En este quinto grupo quiero hablar del substrato sobre el que ha germinado y se ha desarrollado el Instituto de Astrofísica de Canarias.

(Siento tener que ser muy directo y sintético, por la premura de tiempo)

Desde los comienzos, las personas que hemos ido conformando el IAC creímos que poniendo en valor los cielos canarios, formándonos con los mejores, y trabajando concienzudamente podríamos estar entre los primeros. Y hemos mantenido, unidos a lo largo del tiempo, nuestra fe “contra viento y marea” (imprescindible en un país, donde solo “el que aguanta gana”).

Sabíamos a donde queríamos ir y hemos hecho lo imposible por  llegar. Se ha mantenido el rumbo, usando con flexibilidad el timón. Y en ello estamos, (como lo evidencia el que nuestras metas de siempre, pasados cincuenta años, continúen figurando como los fines del consorcio publico IAC en la nueva Ley de la Ciencia).

Por cierto que la idea del “consorcio”, convertida en norma legal desde 1952, ha sido nuestro escudo administrativo y nuestro principal cohesionador (tan necesario, ahora más que nunca, donde las taifas y el restar se imponen al sumar).

El IAC es un organismo público de investigación diferente, (pequeño y eficiente), en el que gracias a la fórmula consorcial, se ha logrado una armonización simbiótica de las competencias entre el Estado y la Comunidad Autónoma de Canarias en  I+D para este fin. Participado por la Administración del Estado (a través ahora del Ministerio de Economía y Competitividad), por el Gobierno de Canarias, la Universidad de La Laguna y el CSIC, estas administraciones concentran sus medios y actuaciones (impidiendo duplicidades) en una organización única común (el IAC). Además ha resultado ser un modelo operativo y potente de cooperación entre un OPI y la universidad.

Todos sabemos que, en este país de  la cucaña, llegar arriba es casi imposible. Así, que termino rogando a las autoridades competentes en I+D (tan diversas y dispersas) que no corten las alas a quienes se atreven (pese a todo), más aun si han demostrado reiteradamente ser capaces de convertir en realidades los sueños.

Les confieso, para acabar, que lo que más me llena de dicha es ver que nuestros astrofísicos y tecnólogos pueden hoy codearse, ya sin complejos, con los mejores del mundo.

Por todas estas cosas da uno por buenas  las mil y una batallas que ha sido necesario librar hasta llegar a este momento. Y recuerda emocionado, que el camino no lo he hecho solo, que también se han dejado la piel a su lado un puñado de compañeros y amigos del IAC (alguno de los cuales están hoy aquí y otros, desgraciadamente, ya no están entre nosotros) profesionales rigurosos y espléndidas personas, sin las cuales nada de lo que he contado habría sido posible.

Muchas gracias

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