Por Federico de la Paz - IAC

LA INSPIRADORA BELLEZA DEL CIELO NOCTURNO

Por Federico de la Paz (IAC).

Cielo de Tenerife sobre el Teie nevado. Crédito: Daniel López.
Cielo de Tenerife sobre el Teide nevado. Crédito: Daniel López.

El cielo ha sido, es y será una inspiración para toda la Humanidad. Los seres humanos hemos observado desde tiempos inmemoriales el cielo para interpretarlo, para entender las leyes físicas que lo gobiernan o simplemente para deleitarnos con su belleza. Este interés en el cielo ha tenido implicaciones muy profundas para la ciencia, la filosofía, la religión, la cultura y sobre nuestro concepto general del mundo.

El indudable valor científico, educativo y cultural que representa el cielo y la capacidad de acceder a la luz de las estrellas no son, por lo general, suficientemente conocidos o valorados. Hoy podemos considerar que el Universo es un laboratorio que atesora una infinidad de conocimientos sin descubrir. De su observación se desprenden día a día nuevos logros científicos y beneficios tecnológicos.

Lo que podemos considerar como el derecho a la observación de las estrellas tiene también otras muchas dimensiones que afectan directamente a múltiples facetas de nuestra vida. La mera oportunidad de observar el firmamento es un componente indiscutible de la calidad de vida cotidiana de los ciudadanos, y es también un referente que permite valorizar y redescubrir el inmenso patrimonio cultural tangible e intangible que hemos acumulado observando los limpios cielos nocturnos.

Una buena parte de nuestro patrimonio cultural se fundamenta en la Astronomía o “conocimiento de la estrellas”. Stonehenge, Tebas, Giza, Chichen-Itzá, Delos o Mesa Verde son solo algunos de los monumentos que simbolizan este legado, al que hay que sumar la infinidad de manifestaciones artísticas y etnográficas que se conservan en todas las latitudes de la Tierra. Un patrimonio que también se expresa en las medidas del tiempo y en el arte de navegar en todas las épocas, en la lectura del firmamento para saber cómo obtener abundantes cosechas, o en ese espacio imaginario en el que muchas culturas han basado las predicciones del futuro.

Desde Aristóteles a Copérnico o Galileo, el cielo nocturno ha marcado la historia de la Ciencia y la percepción cultural del mundo. Muchas de las manifestaciones relacionadas con las estrellas refuerzan la identidad de pueblos y culturas. Incluso algunas de las grandes rutas del conocimiento, la peregrinación o el comercio han sido diseñadas con las estrellas. Tal es el caso del Camino de Santiago sustentado por la Vía Láctea, la cosmogonía en la que se basa la peregrinación a La Meca o el impresionante recorrido astronómico que aflora en la Ruta de la Seda.

Tampoco debemos olvidar que la visión de los cielos en la noche son la base y el atractivo del desarrollo turístico en muchos destinos del planeta, aportando infinitas visiones, del mar a las altas montañas, contemplando las auroras boreales o los limpios cielos de los desiertos.

El derecho a la observación de las estrellas y a un cielo limpio representa algo que va más allá del hecho de garantizar el desarrollo de la ciencia o el disfrute de las personas, ya que implica también un compromiso con la conservación del medio ambiente y la posibilidad de disponer de los beneficios tecnológicos, económicos y culturales que proporciona de forma continua. Es también, al fin y al cabo, un compromiso con las generaciones futuras.
Si consideramos el cielo oscuro y estrellado una parte de la naturaleza y nuestra herencia del mundo y de la vida, entonces deberíamos tratar de preservarlo. Con ello garantizaríamos no solo un recurso para los científicos, sino un patrimonio para las generaciones futuras y el paisaje más inmenso que podemos admirar.

FEDERICO DE LA PAZ G. (Jefe Técnico de la Oficina de Protección de la Calidad Cielo del Instituto de Astrofísica de Canarias).

Citas de interés:

“El cosmos es todo lo que es, todo lo que fue y todo lo que será. Nuestras más ligeras contemplaciones del Cosmos nos hacen estremecer: Sentimos como un cosquilleo nos llena los nervios, una voz muda, una ligera sensación como de un recuerdo lejano o como si cayéramos desde gran altura. Sabemos que nos aproximamos al más grande de los misterios.”
CARL SAGAN

“Las personas pertenecientes a las generaciones futuras tienen derecho a una Tierra indemne y no contaminada, comprendido el derecho a un cielo puro; tienen derecho a disfrutar de esta Tierra que es el soporte de la historia de la Humanidad, de la cultura y de los lazos sociales, lo que asegura a cada generación y a cada individuo su pertenencia a la gran familia humana.”
DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS DE LAS GENERACIONES FUTURAS

“…pero soy constante como la estrella polar, que por su fijeza e inmovilidad no tiene semejanza con ninguna otra del firmamento. ¡Esmaltados están los cielos con innumerables chispas, todas de fuego y todas resplandecientes, pero entre ellas sólo una mantiene su lugar…”
WILLIAM SHAKESPEARE

“Frente al cielo inmenso y puro de un incendiado añil, mis ojos se abren noblemente recibiendo en su calma esa placidez sin nombre, esa serenidad armoniosa y divina que vive en el sinfín del horizonte.”
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

“Soy hombre: duro poco y es enorme la noche. Pero miro hacia arriba: las estrellas escriben. Sin entender comprendo: también soy escritura y en este mismo instante alguien me deletrea.”
OCTAVIO PAZ

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