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¿Es la vida parte integral del Universo?
ENTREVISTAS

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  MVazquez_500.jpg (19477 bytes) Entrevista con Manuel Vázquez Abeledo.

MANUEL VÁZQUEZ ABELEDO es doctor en Ciencias Físicas por la Universidad de La Laguna y, desde 1970, investigador en el Instituto de Astrofísica de Canarias, donde estudia la física solar. Es autor de los libros La historia del sol y el cambio climático y La búsqueda de vida extraterrestre, este último en colaboración con Eduardo Martín Guerrero de Escalante.

Reportaje sobre el mismo tema

Manuel Vázquez Abeledo
 

"Lo que nos dice la naturaleza es que la vida está hecha de lo que más abunda".

"Uno de los problemas que conlleva la exploración del Sistema Solar es su lentitud en comparación con el tiempo de vida de una persona".

¿Cuál es la situación actual de la Astrobiología, la ciencia que estudia la presencia de vida fuera de la Tierra?

Creo que es una situación apasionante. Si realmente hay un tiempo para la Astrobiología es el presente, hay que vivir ahora para ver cómo avanza este campo. De todas formas, nos falta algo tan esencial como es una muestra de vida extraterrestre. Una ciencia necesita datos donde trabajar. La biología terrestre se conoce con bastante profundidad. La variedad de formas, de mecanismos. Se conoce bastante bien cómo funciona la evolución de la materia en el universo, cómo se hacen las formaciones de materia orgánica. Pero queda algo esencial: una muestra de vida fuera de la Tierra. Es el gran déficit que tiene el estudio de la vida extraterrestre, un tema que se presta más a la especulación que al estudio riguroso. Sólo nos podemos plantear las condiciones que necesita una vida elemental, más compleja e, incluso, inteligente.

 
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Sin embargo, parece ser que un meteorito proveniente de Marte trajo restos de vida extraterrestre.

En el meteorito ALH84001 lo que realmente se encontraron fueron anomalías químicas contenidas en unos glóbulos en los que los carbonatos abundaban. Se suponía que esas anomalías químicas procedían de reacciones de tipo biológico. En esos glóbulos se encontraron también concentraciones elevadas de productos como los Hidrocarburos Policíclicos Aromáticos, que son algo que están asociados a la vida, pero no es la vida misma. Hay un salto cualitativo muy importante. Por último, lo más espectacular fueron unas muestras que podían indicar una vida fósil, como la cáscara de una estructura parecida a un gusano de 100 nanómetros. Ha habido muchas críticas a este descubrimiento. Se ha aducido que organismos tan pequeños no pueden existir. Se da la circunstancia de que luego se han encontrado fósiles en Canadá con estas dimensiones.

El otro gran tema de trabajo es si los carbonatos se habían formado a temperaturas bajas, compatibles con la vida, o a grandes temperaturas, en cuyo caso la vida no sería posible. La discusión todavía está abierta. Mientras las interpretaciones no biológicas sigan funcionando habrá discusión. Esto ya pasó hace 25 años, cuando los análisis del Viking dieron unos resultados cuya implicación biológica o no biológica todavía se discute hoy en día.

La presencia de vida en el meteorito, ¿no podría ser el resultado de una contaminación posterior a su llegada a la Tierra?

Este meteorito en concreto se recogió en la Antártida, pero en la Tierra existe actividad biológica en cualquier sitio, incluso allí. En principio, se adoptaron todas las precauciones posibles para los análisis. Además, se encontró que la concentración de los hidrocarburos aumentaba conforme se iba hacia el interior. Si fuera una contaminación externa, se esperaría que hubiera una mayor concentración de ellos en el exterior que en el interior. De todas formas, esta es una pregunta fácil de hacer y que sólo los grupos que hacen el análisis directo pueden contestarla, y, muchas veces, ni ellos.

Una posible vida extraterrestre, ¿tendría las mismas necesidades que la vida en la Tierra?

Hay bastante acuerdo sobre que cualquier tipo de vida ha de compartir una serie de requisitos. En primer lugar, ha de estar basada en un disolvente, donde tengan lugar las reacciones químicas y se pueda producir la vida. En la naturaleza hay disolventes que se mantienen líquidos en un amplio rango de temperaturas. Uno puede considerar el alcohol metílico, el amoníaco y, sobre todo, el agua. Sin embargo, lo que nos dice la naturaleza es que la vida está hecha de lo que más abunda y, realmente, el agua es muchísimo más abundante que cualquier otro disolvente, aunque no se puede descartar la existencia de vida basada en otros.

El segundo requisito, menos específico, es que haya una buena fuente de energía. Podemos pensar que los seres complejos necesitan un proceso relacionado con la fotosíntesis, ya que es el más energético, pero cualquier fuente de energía puede ser válida para la vida y, sobre todo, para la vida elemental, en el ámbito de las bacterias.

El tercer requisito es que tengamos un componente que aglutine la formación de moléculas complejas. Está claro que la química que hay a nuestro alrededor es la química del carbono. El silicio podría ser una alternativa, pero la química orgánica que vemos en el universo, los grupos más complejos, son también de carbono. Por otra parte, el carbono es mucho más abundante que el silicio y tiene más capacidad de formar moléculas complejas.

La vida también necesita un replicador molecular. Un código para distribuir la información, como es el ADN en la vida de la tierra, aunque no tiene por qué ser el mismo. Incluso sería extraño que lo fuera.

En la Tierra hay unos organismos, llamados extremófilos, que viven en condiciones extremas, como su nombre indica. ¿Favorece este hecho la hipótesis de una vida en planetas en principio inhóspitos?

Si algo nos enseña la vida en la Tierra es que la vida elemental, bacterias y arqueobacterias, casi no tiene límite en su capacidad de adaptación: se adapta a condiciones de vacío, a grandes dosis de radiación, que es el enemigo principal para los seres vivos, a grandes concentraciones de metales pesados (es el caso del río Tinto, en Huelva), de acidez, de componentes básicos; a altas temperaturas, en el fondo de los océanos, etc.

Los extremófilos son bacterias que no parecen tener ninguna limitación, sólo necesitan una fuente de energía, un disolvente y un aporte, pensamos que de carbono, pero no tiene por qué ser un aporte en forma orgánica, también puede ser inorgánico.

El mundo de los extremófilos demuestra, en efecto, que no debemos ser muy restrictivos en nuestras visiones de cara a hallar vida en Marte, que es el principal objetivo, aunque también en otros entornos, como por ejemplo Europa y, con menos posibilidades porque quizás es demasiado frío, Titán.

La gran ventaja de estos seres es que difícilmente pueden tener competencia en los hábitats reducidos donde se encuentran. Sin embargo, al mismo tiempo, sus características les hacen permanecer en ellos, con lo que no tienen posibilidades de desarrollo.

Por tanto, no piensa que en nuestro planeta se hayan dado unas condiciones únicas en el universo para la aparición de vida.

Yo matizaría la respuesta. El gran problema es que no tenemos datos de otros sitios y sólo podemos especular. Creo que la vida elemental, de organismos unicelulares, es una consecuencia casi inevitable de la evolución de la materia en el universo. En nuestro mismo sistema solar debe haber varios sitios donde ha podido surgir, está surgiendo o surgirá. En este aspecto, la Tierra no tiene por qué tener nada de peculiar.

Sin embargo, la presencia de vida compleja es otra cosa. Cada vez hay más convencimiento de que la Tierra ha reunido una serie de condiciones únicas que han hecho posible que, durante miles de millones de años, se hayan conservado las condiciones adecuadas de habitabilidad, sobre todo por la existencia del agua líquida.

Como resultado, la vida inteligente o la vida compleja, que es lo mismo, puede ser muy infrecuente. Incluso no me sorprendería que fuéramos una excepción en el Universo. Los primeros organismos multicelulares surgieron hace unos 800 millones de años, con la explosión del Cámbrico. Eso es casi coetáneo. La vida compleja necesita muchos requerimientos y mucho tiempo para expansionarse.

En resumen, la Tierra no tiene nada de especial para la vida al nivel de bacterias; creo que sí lo tiene para que aquí podamos estar hablando tú y yo.

¿Qué consideración le merece Gaia, la hipótesis de James Lovelock que considera la Tierra y la vida que contiene como un sistema vivo cuyos diversos componentes interaccionan y se influyen mutuamente?

Es una idea interesante, muy didáctica, en cuanto a que habla de un proceso global, donde interaccionan una serie de sistemas, que tiende a mantener las condiciones compatibles con la vida. Un ejemplo sería el ciclo del bióxido de carbono en la Tierra, que es una especie de termostato que tenemos, pero que no va a durar mucho tiempo. El problema de Gaia es que no se sabe hasta dónde lleva.

Al mismo tiempo que la beneficiosa Gaia, existe un sistema que tiende a destruir la vida, por ejemplo las colisiones de meteoritos. Y luego hay un tercer sistema que es la vida que tiende a destruir la propia vida, lo que estamos haciendo los seres humanos.

¿Qué relación existe entre la atmósfera actual de la Tierra y la presencia de seres vivos?

La atmósfera primitiva de la Tierra no se parecía mucho a la actual, sobre todo tenía dióxido de carbono y vapor de agua. Esa atmósfera permitió la aparición de la vida, que surgió en la Tierra inmediatamente cuando hubo las condiciones mínimas, lo que hace pensar que la vida elemental no necesita mucho tiempo para desarrollarse.

Las muestras de vida más antiguas son de hace 3.850 millones de años, más o menos, poco después de que se produjera la catástrofe de la formación de la luna, hace unos 4.000 millones de años. Si había vida antes, posiblemente se extinguiría como consecuencia de la catástrofe.

La atmósfera primitiva dio lugar a la vida. Pero los seres vivos la transformaron en una atmósfera de oxígeno, que ha sido esencial para la aparición de los seres más complejos, ya que estos necesitan mucha energía y los procesos relacionados con el oxígeno son los mecanismos metabólicos más energéticos.

En este aspecto, la vida ha modificado la atmósfera. No sólo en los planetas con oxígeno puede existir vida, en principio en cualquier planeta con bióxido de carbono puede haberla, aunque no sea compleja.

La actividad humana está modificando la atmósfera terrestre, ¿con qué consecuencias para la vida?

La modificación de la atmósfera, sobre todo mediante la emisión de dióxido de carbono, pone en juego, no la vida, difícilmente el hombre va a poner en juego la vida en la Tierra, sino nuestra propia civilización. El peor enemigo del hombre es el propio hombre. Su forma de vida es muy frágil: dependemos de cambios climáticos pequeños, del aporte continuo de energía, del agua...

En cualquier caso, la vida en la Tierra desaparecerá en un plazo entre 500 y 1.000 millones de años por procesos como el cese de la actividad tectónica y el aumento de la luminosidad del sol.

Impacto del fragmento Q del cometa P/SHOEMAKER-LEVY 9 en Júpiter. Imágenes tomadas con los telescopios Carlos Sánchez e IAC-80 del Observatorio del Teide.
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¿Se podría modificar la atmósfera de Marte para que fuera habitable? Por ejemplo, introduciendo CO2 para crear un efecto invernadero y, como resultado, un calentamiento del planeta.

Cambiar el clima de un planeta no es tan sencillo, en él existen interacciones entre muchos sistemas. Incluso, de poder hacerlo, habría que considerar si tenemos derecho. Antes de intentarlo, deberíamos estar seguros de que no existe vida en él.

Hoy por hoy, para vivir en un planeta, el hombre debe llevar su propia atmósfera. En este aspecto, es muy interesante lo que se ha puesto de manifiesto hace pocas semanas en Marte: la existencia de agua relativamente cerca de la superficie.

¿Qué métodos se utilizan actualmente en la búsqueda de la vida?

Depende del tipo de vida que se quiera encontrar y de donde se quiera encontrar.

Hay los métodos de ir al lugar, que son los que se utilizan en el Sistema Solar. Fuera de él, se están empezando a detectar planetas alrededor de otras estrellas. Sabemos que son puntos con una masa y que se mueven, pero no conocemos nada de su atmósfera. Cuando podamos estudiarla, estaremos en condiciones de buscar algún signo de vida.

En su búsqueda, yo me concentraría en la zona del infrarrojo, que es donde se ven rasgos de moléculas, y me centraría en elementos químicos que no puedan coexistir en equilibrio. Por ejemplo, si se encuentra una atmósfera donde hay metano y oxígeno, esto conlleva la presencia de un oxidante y de un reductor. Sólo puede haber una atmósfera oxidante con metano si este ha sido producido por una acción biológica.

¿Qué opina sobre la panespermia, la teoría que considera que la vida no se originó en la Tierra sino que proviene de otros planetas?

La panespermia es una teoría muy atractiva. Se basa en que existen bacterias en el medio interestelar que viven, por ejemplo, en los cometas. Nadie duda que cometas y meteoritos impactan en los planetas. La frecuencia de impacto era mucho mayor en el inicio del Sistema Solar. Yo creo que los cometas pudieron contribuir al aporte de materia orgánica, incluso de agua. En cuanto al aporte de vida elemental, no lo excluyo, pero pienso que nunca se llegará a saber cuál fue la fracción autóctona y cuál la fracción exógena.

Si alguna vez se analiza el núcleo de un cometa y se encuentra alguna bacteria, se podría comparar su DNA con el de una bacteria terrestre y comprobar si comparten el mismo origen.

La gente no piensa en términos de microorganismos cuando considera la vida extraterrestre, sino en seres con inteligencia humana. ¿Por qué?

Los astrónomos son un poco culpables de ello. A finales del siglo XIX, se lanzó a los medios de comunicación toda la histeria de los marcianos. Como resultado de observaciones e interpretaciones astronómicas, se pensó en seres complejos, inteligentes. Por otro lado, es normal que al ser humano, que se considera inteligente, le interese más encontrar otras formas de vida inteligente que no una ameba, por ejemplo.

Qué pasaría si se descubriera nueva vida.

Creo que sería un momento único en la historia de la humanidad. Está claro que, probablemente, la mitad de la gente no se enteraría. Pero pienso que sería un momento de esos que transcienden la propia ciencia. Descubrir otras formas de vida implica que, si existe un dos, también puede existir un cien, lo que daría una nueva perspectiva.

Sería un paso esencial en el conocimiento del hombre, un paso que pertenece al mundo de los que pensamos que, para vivir, es importante soñar.

Reportaje sobre el mismo tema

Annia Domènech (IAC)
Agosto 2000

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Mapa tridimensional de Marte (NASA).

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