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El
lunes 3 de octubre de 2005 tiene lugar un evento astronómico
bastante singular; un eclipse anular de Sol. Dicho fenómeno
se debe a la interposición entre el Sol y la Tierra
de la Luna, pero sucede en el momento más alejado
de la órbita de nuestro satélite, por lo que
éste no llega a cubrir por completo el disco solar,
como sí sucede en los eclipses totales de Sol. En
el gráfico siguiente se explica la geometría
de un eclipse anular de Sol.
Cada
vez que la Luna Nueva pasa exactamente entre el Sol y la
Tierra se produce un eclipse solar, y la razón de
que este fenómeno no se produzca todos los meses
es debido a que la órbita de nuestro satélite
se encuentra ligeramente inclinada (unos 5º) respecto
a la eclíptica o plano de la órbita terrestre,
con lo que sólo se producirán eclipses en
los momentos en que la Luna corta este plano.
Se
da la curiosa particularidad de que el Sol es aproximadamente
unas cuatrocientas veces más grande que la Luna,
pero ésta se encuentra también cuatrocientas
veces más cerca, por lo que sus diámetros
aparentes coinciden (en astronomía el adjetivo “aparente”
indica parámetros medibles, en este caso diámetros,
desde la superficie de la Tierra).
Según
la proporción de disco solar cubierto por la Luna,
los eclipses serán anulares como ya hemos dicho,
quedando un fino anillo luminoso alrededor de nuestro satélite-,
parciales, cuando el cono de sombra lunar sólo oculta
parcialmente al astro rey, y totales, en el momento en el
que nuestra estrella queda completamente tapada por el disco
lunar.
Como
tanto Tierra, Sol y Luna se mueven, los eclipses son un
fenómeno dinámico, en los que la sombra lunar
recorre rápidamente en forma de un pequeño
círculo (con un diámetro máximo de
menos de trescientos kilómetros) la superficie terrestre,
hecho por el que los eclipses únicamente se ven en
lugares y momentos muy concretos (banda de totalidad o anularidad
del eclipse).
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