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ABRIENDO LAS CÁPSULAS DEL TIEMPO |
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| (II) Posibles claves de la vida y la muerte en la Tierra | ||
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Los meteoroides comienzan a hacerse incandescentes a 100 kilómetros de la superficie, según se comprobó en las últimas Leónidas, en noviembre de 1999. Los astrónomos se extrañaron al observar cómo, sin embargo, algunos se encendían a 200 kilómetros de la superficie de la Tierra. A esa altura, apenas hay atmósfera que produzca rozamiento. Además, aparecían como unos objetos muy poco brillantes, alargados y, lo más extraño, nebulosos. Pero, ¿no eran sólidos? Una posible explicación a la paradoja es que estos fragmentos no caigan solos, sino formando conglomerados de varios. En el pegamento podría estar una de las claves de la vida en la Tierra. Algunos científicos creen que está formado de materia orgánica, grandes moléculas fácilmente rompibles con el calor al mínimo roce con la atmósfera. De hecho, durante toda su historia, la Tierra ha sido continuamente bombardeada por los fragmentos, los ladrillos de esos complejos edificios biológicos llamados seres vivos. Y quizá bastaron unas pocas de estas moléculas orgánicas procedentes del espacio para desencadenar el proceso de la vida en la Tierra. Iniciativas recientes han arrojado algo de luz sobre los meteoroides. Es el caso de un estudio realizado por astrónomos del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), el Observatorio de Calar Alto (Almería) y la Universidad de Monterrey, en México. Los astrónomos consiguieron observar por primera vez los impactos de meteoroides sobre la Luna, indefensa por no tener atmósfera. Un fragmento de sólo cinco kilos provoca un cráter de 30 metros en la superficie lunar e impacta a unos 260.000 kilómetros por hora. A esa velocidad, una nave espacial recorrería el trayecto TierraLuna en menos de una hora y media. Gracias a estas observaciones se ha podido calcular el tamaño de los fragmentos y conocer mejor la órbita de los cometas de los que se desprendieron hace incluso cientos de años. Algunos meteoroides son los últimos vestigios de cometas que se deshicieron hace siglos, pero interesa estudiarlos para deducir cuántos poblaban el Sistema Solar en una determinada época. Y cuántos podían toparse con nuestro planeta en su viaje. Para uno de los participantes en el estudio publicado en Nature, el astrofísico del IAC Luis Bellot, "no conocemos a nuestros vecinos y eso que, cada cien años, existe la posibilidad de que al menos dos choquen con la superficie de la Tierra". Y es que los meteoritos encierran la clave de la muerte en las grandes extinciones que han ido produciéndose a lo largo de toda la historia, como demuestran los registros fósiles. Hace 250 millones de años, desapareció repentinamente el 90 por ciento de las especies. Y hace 65, un meteorito de nueve kilómetros de diámetro chocó cerca de las costas de Yucatán, en México. Dejó como huella una estructura circular de unos 180 kilómetros de diámetro en un lugar llamado Chicxulub, cubierta de roca del Terciario y detectada por la compañía petrolífera PEMEX mientras hacía prospecciones bajo la superficie del Golfo de México. El tremendo impacto que produjo parece ser el motivo de que se extendiera el invierno por la Tierra y se extinguiera un 70 por ciento de especies animales, los dinosaurios entre ellas. ¿Qué posibilidad hay de que esto vuelva a ocurrir? No lo sabemos, pero censar la población de asteroides, meteoritos y cometas que nos rodea puede ayudar a preverlos. Las consecuencias de un impacto de un cometa sobre la Tierra en nuestros días han suscitado la curiosidad de los científicos. En 1997, gracias a los cálculos operados en el ordenador Intel Teraflops por David Crawford, un investigador de los Laboratorios Sandia en California, fue posible recrear el choque de un cometa de mil millones de toneladas contra el océano. La explosión sería diez veces más potente que la acción conjunta de todo el arsenal nuclear actual. La totalidad de las zonas costeras de la Tierra quedaría barrida por un maremoto. El agua de los mares, al evaporarse, oscurecería la atmósfera durante meses o años... Y eso a pesar de que el cometa supuesto por Crawford era diez mil veces más pequeño que Hale- Bopp. |
Las Leónidas bombardean la Luna (imágenes/animaciones) |
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La amenaza de uno de estos trágicos encontronazos espaciales se hizo realidad el 16 de julio de 1994. El cometa P/Shoemaker-Levy 9 se estrellaba contra la cara oculta de Júpiter, con tal violencia que sobre el horizonte joviano restalló una luz lo suficientemente intensa para poder contemplarse con telescopio desde la Tierra. El cometa estaba compuesto de fragmentos separados a mucha distancia entre sí, que cayeron sobre el planeta durante días. El mayor de ellos sólo medía un kilómetro. Los impactos, imposibles de ver a simple vista, fueron registrados por los telescopios IAC-80 y "Carlos Sánchez", del Observatorio del Teide (Tenerife), del IAC. El "Carlos Sánchez" registraba, el 19 de julio, la colisión más espectacular, la del fragmento "L" contra la superficie del planeta gaseoso. La Unión Astronómica Internacional consideró las imágenes obtenidas por los telescopios canarios como la primera notificación mundial de la colisión. Un acontecimiento cósmico, la atracción de un cometa por la intensa gravedad de Júpiter, al que únicamente se puede asistir una vez cada 10.000 años. En la Tierra, dos grandes impactos, en este caso de meteoritos, han ocurrido en este siglo. Ambos en la misma región del planeta, Siberia. El 30 de junio de 1908, los escasos habitantes del valle del río Tunguska escucharon una tremenda explosión. Una "bola de fuego" que caía del cielo explotó a seis kilómetros de la superficie. La energía liberada correspondería al estallido de mil bombas como la de Hiroshima. Todo quedó devastado en un círculo de 50 kilómetros de diámetro, en una zona, por suerte, deshabitada. El 12 de febrero de 1947, otro objeto proveniente del espacio impactó a 5.000 kilómetros al este del primero. En este caso, la energía fue equivalente sólo a la de una bomba atómica. Continuación: (III) Pasado, presente y futuro de las misiones a cometas |
Impacto del cometa Shoemaker-Levy contra
Júpiter (imágenes/animaciones) |
ABRIENDO LAS CÁPSULAS DEL TIEMPO: (I) Una chispa en la inmensidad del espacio (II) Posibles claves de la vida y la muerte en la Tierra (III) Pasado, presente y futuro de las misiones a cometas José
Manuel Abad Liñán (periodista IAC) |
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