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Dr. Javier Trujillo Bueno
Científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas
Investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias
Nuestra Galaxia (la Vía Láctea) tiene unos doscientos mil millones de
estrellas, y en ella encontramos desde intentos frustrados de estrellas (las enanas
marrones) hasta estrellas muy masivas que pueden llegar a ser miles de millones de veces
más luminosas que el Sol. Y más allá de la Vía Láctea existen muchísimas más
galaxias cuyo estudio nos da información sobre los orígenes y la estructura del Universo
a gran escala. En este contexto, el Sol es sólo una insignificante estrella amarilla que
se encuentra en el disco de una galaxia espiral (la Vía Láctea), a unos dos tercios del
centro galáctico donde pensamos que existe un agujero negro masivo que ejerce una
dramática influencia en el medio circundante. El disco de nuestra galaxia no sólo
contiene muchas más estrellas y sus planetas, sino también enormes extensiones de
material expulsado violentamente por estrellas durante las fases finales de sus vidas. En
muchas de estas nubes de material cósmico se dan las condiciones físicas necesarias para
que los átomos se unan entre sí dando lugar a la formación de complejas especies
moleculares cuyo estudio es clave para poder obtener pistas sobre el origen de la vida en
el Universo. ¿Por qué estudiar entonces el Sol cuando tenemos la posibilidad de escoger
entre tantos campos atractivos de la Astrofísica?
El Sol, nuestra estrella más cercana y fuente de la vida en la Tierra,
resulta ser un sistema astrofísico mucho mas complejo y enigmático de lo que aparenta a
simple vista. Cuando se observa y estudia el Sol haciendo uso de potentes telescopios e
instrumentos basados en la más avanzada tecnología se descubre que, lejos de
manifestarse con la aparente serenidad que inspira cuando lo contemplamos al atardecer, se
está de hecho comportando de una forma que, además de exótica y fascinante, interesa
mucho a los científicos. Para nosotros el Sol continua siendo el laboratorio que nos
permite investigar en detalle la física que controla el comportamiento de muchas de las
otras estrellas que pueblan el Universo. Es importante recordar que, con la actual
tecnología, el Sol sigue siendo la única estrella donde podemos observar directamente
detalles en su superficie. Cualquier otra estrella se ve sólo como un simple punto
luminoso en el foco de nuestros más grandes y potentes telescopios.
El plasma solar (una mezcla de gases formada en su mayor parte por
hidrógeno y helio y, en menor concentración, por toda una multitud de elementos
químicos) es un gas muy caliente, con una buena proporción de electrones libres y de
iones, es decir, está parcialmente ionizado. El plasma solar es, por tanto, un excelente
conductor de la electricidad, sobre todo en el interior estelar donde la conductividad
supera incluso a la del cobre a temperatura ambiente. El plasma solar está además
rotando continuamente en torno al eje de rotación del Sol, y lo hace con un período
(entre 25 y 32 días) cuyo valor preciso (que conocemos gracias a la heliosismología)
depende de la latitud y de la profundidad. Como consecuencia de la alta conductividad y de
dicha rotación diferencial el Sol genera campos magnéticos mediante un complejo
mecanismo que aún no hemos logrado descifrar por completo. Los campos magnéticos pueden
visualizarse mediante "líneas de fuerza magnética", como las que podemos ver
dibujadas en los libros de texto de física básica, con líneas saliendo de uno de los
polos de un imán y uniéndose en forma de arco con el otro polo magnético de polaridad
opuesta. Líneas muy cercanas entre sí visualizan fuertes campos magnéticos, mientras
que líneas muy separadas indican que el campo es débil. Es importante resaltar que las
leyes del electromagnetismo aplicadas a un plasma que es un excelente conductor de la
electricidad implican que los campos magnéticos del Sol se ven atrapados por su propio
plasma y son arrastrados a medida que éste se mueve hacia arriba y hacia abajo en la
llamada "zona de convección", situada bajo la superficie visible del Sol. Es
como si tuviésemos espaguetis cocinados sumergidos en miel de abeja y sometidos por
completo a los movimientos del fluido.
En la zona de convección del Sol que llega en profundidad hasta un
tercio del radio solar tienen lugar vigorosos movimientos turbulentos que recuerdan a
aquellos que observamos en el agua hirviendo. Su origen físico se debe al hecho de que el
interior del Sol donde tienen lugar las reacciones termonucleares de fusión es
enormemente caliente (unos 15 millones de grados) y denso (unas 100 veces la densidad del
agua), mientras que su superficie visible es relativamente fría (unos 6000 grados) y muy
tenue. Si el plasma de esta zona de convección no fuese un excelente conductor de la
electricidad no tendríamos la continua y variopinta generación de campos magnéticos que
se producen en el Sol. Y si esto fuese así el Sol no sería entonces lo interesante y
útil que resulta ser de cara a poder aspirar a entender, en términos físicos, muchos de
los fenómenos que acontecen en otros contextos astrofísicos.
Mediante un complejo proceso que aún no es comprendido en su
totalidad, parte de los campos magnéticos que emergen en la superficie del Sol se
concentran y se intensifican hasta formar las gigantescas manchas solares que vienen
siendo observadas desde los tiempos de Galileo. Estas sombras oscuras en la superficie
solar (oscuras por estar relativamente unos 2000 grados más frías que sus alrededores)
pueden apreciarse en ocasiones a simple vista utilizando un filtro adecuado, y su número
va en aumento a medida que la actividad magnética solar se acerca a su máxima
intensidad, algo que sucede cada 11 años. Una mancha solar puede llegar a tener un
diámetro tan grande como cincuenta mil kilómetros, lo que equivale aproximadamente a
unas cinco veces el diámetro de la Tierra. Intensos campos magnéticos se extienden por
todo su volumen y atraviesan su superficie. Tales campos magnéticos tienen una intensidad
típica de unos 3.000 gauss. Comparativamente, el campo magnético terrestre que hace
funcionar una brújula tiene un valor de medio gauss, mientras que un imán casero genera
un campo magnético de unos 100 gauss. Un campo magnético de 3.000 gauss es realmente
impresionante. Campos magnéticos tan intensos pueden de hecho generarse en los
laboratorios terrestres con la ayuda de electroimanes. En el seno de ellos una cacerola de
hierro saldría disparada para pegarse de inmediato en el polo más cercano al imán. Sin
embargo, los campos magnéticos del Sol tienen un comportamiento muy distinto respecto de
los que podemos experimentar en el aire no conductor que respiramos. Hasta cierto punto
podemos simular sus efectos en gases calientes confinados por campos magnéticos generados
en los laboratorios terrestres, lo que constituye la base de la idea para producir
energía mediante la fusión de hidrógeno en helio. No obstante, dadas las enormes
dimensiones de una mancha solar, y del Sol en su conjunto, hay un amplio dominio de la
física que no es accesible mediante experimentos en los laboratorios terrestres. En
cambio, el Sol realiza continuamente y gratuitamente nuevos experimentos en su propio
laboratorio.
Otro ejemplo fascinante de estructuras magnetizadas del plasma solar lo
constituye las protuberancias solares, las cuales se extienden cientos de miles de
kilómetros en forma de arco por encima de la superficie visible. Se trata de estructuras
gigantescas de plasma relativamente denso y frío que se encuentran embebidas en el seno
del plasma enormemente caliente (un millón de grados) de la extensa corona solar, la cual
se encuentra en continua expansión y es tan extremadamente tenue que sólo puede
observarse durante un eclipse total de Sol o con la ayuda de unos telescopios llamados
coronógrafos. Las protuberancias solares constituyen un ejemplo particularmente
interesante y útil de un plasma que se encuentra confinado por la acción de los campos
magnéticos. Actualmente, en el Instituto de Tecnología de California (EE UU), y en otros
centros de investigación de países que apoyan de forma inteligente con visión de futuro
la investigación básica, grupos de investigadores en Física de Plasmas están
intentando simular en los laboratorios terrestres protuberancias en miniatura, un billón
de veces más pequeñas que las que se producen de forma natural en el Sol. Lo han logrado
muy recientemente, si bien se trata de estructuras de plasma que sólo viven un
microsegundo. El objetivo final de este grupo de investigación es lograr confinar un
plasma muy caliente mediante campos magnéticos con vistas a la construcción de máquinas
capaces de una producción mucho menos contaminante de energía mediante la fusión
termonuclear controlada, lo cual es diferente del proceso de fisión nuclear que
constituye la base de las actuales y controvertidas centrales nucleares. Es de gran
interés notar que muchas de las protuberancias que los astrofísicos estudiamos en el Sol
"viven" durante semanas, mientras que otras desaparecen en un evento explosivo
al cabo de solo unos minutos de su formación. Creemos que la estabilidad del plasma
confinado en las protuberancias solares de larga vida está íntimamente relacionada con
la topología de sus campos magnéticos, la cual estamos intentando descifrar con la ayuda
de una técnica (la espectropolarimetría) que luego mencionaremos.
Pero el magnetismo solar no se reduce a estructuras gigantescas como
las manchas y protuberancias solares. En general, los campos magnéticos emergen en la
superficie del Sol de una forma filamentosa, altamente intermitente y con frecuencia con
las dos polaridades magnéticas separadas por distancias espaciales tan pequeñas que no
podemos resolver con los telescopios actuales (cuyo límite de resolución es de unos 300
km sobre la superficie del Sol). Estos filamentos magnéticos se encuentran en un estado
altamente dinámico causado precisamente por los movimientos turbulentos del plasma de la
zona de convección. Cuando conjuntos de líneas de campo magnético de polaridad
magnética opuesta entran en contacto en la atmósfera del Sol tiene lugar un
catastrófico proceso de disipación de energía que pensamos es el responsable del
enigmático calentamiento de la corona solar. Tales procesos de reconexión magnética
pueden llegar a ser muy violentos y conllevan con frecuencia la eyección en el medio
interplanetario de partículas cargadas (electrones y protones) con velocidades cercanas a
la de la luz. En algunas ocasiones tienen lugar impresionantes erupciones de masa en las
que billones de toneladas de gas coronal son expulsadas al espacio, lo que constituye una
seria amenaza para los astronautas en misiones espaciales y para los satélites
artificiales en órbita alrededor de la Tierra. Tenemos, sin embargo, sólo una idea
general de por qué se producen estos y otros fenómenos explosivos en el Sol. Sólo
podemos decir con seguridad que se deben a la acción de los campos magnéticos, los
cuales se generan en todos los plasmas astrofísicos en rotación, pero queda aun mucho
por investigar y descubrir.
La clave para obtener información empírica sobre la intensidad,
topología y evolución temporal de los campos magnéticos del Sol la constituye la
observación y la interpretación física de la polarización de la luz solar. La luz es
radiación electromagnética. Y ésta no sólo se caracteriza por su intensidad para cada
longitud de onda, sino además por su estado de polarización, el cual está relacionado
con la orientación del vector campo eléctrico de la onda en el plano perpendicular a la
dirección de propagación. La luz emitida por los átomos en presencia de un campo
magnético está polarizada, tanto más cuanto mayor es la intensidad del campo
magnético. Gracias a la existencia de dos efectos físicos descubiertos en los
laboratorios terrestres (los efectos Zeeman y Hanle) podemos obtener información sobre
campos magnéticos en la atmósfera solar en un rango de intensidades que va desde una
milésima de gauss hasta miles de gauss.
Recogiendo la luz solar mediante modernos telescopios, analizándola
cuidadosamente con instrumentos adecuados (en particular, con espectropolarímetros), e
interpretando las observaciones mediante estudios rigurosos de astrofísica teórica y
simulaciones numéricas del proceso de generación y transporte de radiación polarizada
en plasmas magnetizados, los astrofísicos intentamos explorar de esta manera un dominio
de la física que de otra forma sería, hoy por hoy, inaccesible. Esta física es
necesaria para poder llegar a entender el origen y los mecanismos del magnetismo en
Astrofísica. En el caso concreto del Sol es además crucial porque el clima terrestre y
el "clima" del espacio que rodea a la Tierra está modulado y se ve afectado por
la propia actividad magnética del Sol.
ESPECIAL SOL-TIERRA

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Mancha solar |