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Astronomía y diversidad cultural El Instituto de Astrofísica de Canarias y el Museo de la Ciencia y el Cosmos del Cabildo de Tenerife acogieron la VI Conferencia Oxford sobre Astronomía y Cultura y la Reunión Anual de la Sociedad Europea para la Astronomía en la Cultura (SEAC) 1999, celebradas en esta ocasión en memoria del Profesor Carlos Jaschek, Vicepresidente de la SEAC recientemente fallecido. Las sesiones se desarrollaron en el Museo de la Ciencia y el Cosmos, del 21 al 27 de junio. Desde su primera edición, en 1981, las Conferencias Oxford sobre Astronomía y Cultura tienen lugar cada tres años y son las más importantes de esta disciplina que se celebran a nivel mundial. Las anteriores tuvieron como escenario las ciudades de Oxford (Inglaterra), de ahí su nombre, Mérida (México), Saint Andrews (Escocia), Stara Zagora (Bulgaria) y Santa Fe (EEUU). En esta ocasión, la VI Conferencia Oxford congregó a 90 participantes procedentes de 27 países para tratar temas como "El calendario y el milenio", "Arqueoastronomía", "El origen de las constelaciones", "Relación entre Astronomía y diversidad cultural", "Tradiciones astronómicas populares (etnoastronomía)" y "Astronomía en islas y su peculiar evolución". El carácter interdisciplinar de la Arqueoastronomía reúne en un mismo foro y en torno a un mismo tema a astrónomos, arqueólogos, historiadores y antropólogos que, desde sus diferentes puntos de vista, estudian el papel de la Astronomía en la cultura. El origen de las reuniones ahora llamadas Oxford se remonta a hace casi 20 años, cuando Michael Hoskin, hoy Profesor emérito de la Universidad de Cambridge y editor de la revista Journal for the History of Astronomy, sentó en torno a una misma mesa a astrónomos interesados en la arqueología y a especialistas en historia antigua y arqueólogos. Por entonces era Presidente de la Comisión de Historia de la Astronomía, la Comisión 41, de la IAU, y, como él mismo explica, "tenía que organizar un congreso sobre la historia de la Astronomía. Normalmente uno hubiera pensado en un tema como la astronomía estelar en el siglo XVII o algo ortodoxo dentro de la historia de la Astronomía." Por aquella época, un ingeniero escocés jubilado llamado Alexander Thom, estudiaba los monumentos megalíticos en las Islas Británicas y el norte de Francia aplicando sus conocimientos de ingeniería. Thom sostenía que los círculos de piedra eran la representación permanente sobre el suelo de los puntos desde los cuales se podía hacer una observación exacta de los solsticios o de las posiciones extremas lunares. Conociendo esas posiciones se puede incluso predecir los eclipses de Sol y de Luna. "Thom creía que había existido una ciencia astronómica prehistórica, predictiva y cuantitativa. Fue un tema muy controvertido e interesante explica Hoskin-; yo, como editor del Journal for the History of Astronomy, recibía contribuciones del propio Thom y de otros autores que sostenían lo mismo que él y debía contrastar si lo que proponían era o no sensato, y en este caso era prácticamente imposible decir si se trataba de un trabajo brillante o producto de un lunático sin contar con la opinión de especialistas de las dos ramas." La reunión se celebró en Oxford, pues en los alrededores de esta ciudad inglesa se concentran algunos de los yacimientos megalíticos más importantes de Gran Bretaña, que pudieron visitarse al final del congreso. Entre los participantes había dos sectores bien diferenciados: los europeos, que trabajaban sobre todo en monumentos megalíticos, y los norte y centroamericanos, estudiosos de culturas que conservaban códices, lenguas aún vivas e incluso descendientes de aquellos pueblos a quienes se podía entrevistar. La metodología y los recursos disponibles para cada uno eran bien distintos y, al final del congreso, los americanos, más cercanos al aspecto cultural del tema, recomendaron a Thom (máximo exponente de las tesis de los europeos que tanto recelo habían suscitado entre los historiadores) que colaborase con los arqueólogos y que no se limitase al mero estudio de las piedras como elementos aislados. Por su parte, los europeos subrayaron a los americanos la importancia de realizar con gran exactitud y seriedad mediciones como la orientación astronómica de los restos arqueológicos, cuya interpretación era crucial para conocer la cosmogonía de sus constructores. "Nunca tuve la intención de que aquel congreso fuese otra cosa que una reunión normal y aislada sin mayores consecuencias", asegura Hoskin. "Con ello yo habría cumplido con mi deber de Presidente de la Comisión de Historia de la Astronomía de la IAU; ese habría sido el caso de haberse reunido allí un grupo convencional de historiadores de la Astronomía." Pero la reunión fue un éxito. Y no sólo eso, sino que suscitó tan acalorados y fructíferos debates entre unos y otros especialistas que la idea de celebrar otra reunión como continuación de aquella consiguió el apoyo unánime de los participantes. "Los arqueólogos americanos admitían haber aprendido tanto de aquella reunión relata Hoskins- que insistieron en que debía organizarse otra sobre el mismo tema, lo que hicieron al cabo de tres años en Mérida, en la península del Yucatán. A esa reunión, Oxford II, le sucedió una tercera reunión, celebrada en St. Andrews (Escocia). A partir de entonces se pensó en darle un carácter permanente: se llamarían Oxford Conferences y se celebrarían cada tres años organizados por un Comité Internacional. Y así venimos funcionando ya desde hace nueve años." Han sido 18 años de reuniones multidisciplinares en las que se ha debatido sobre las distintas formas de relacionar la Astronomía con los pueblos que la desarrollaron y cómo la Astronomía sirvió para llevar el calendario o para crear un modelo cosmológico que otorgase a sus autores un lugar en el universo. Hoy existe ya entre los arqueoastrónomos el consenso general de que son varias las formas posibles de abordar el estudio de las culturas de la antigüedad, y coinciden en que deben tenerse en cuenta determinados elementos culturales. Como explica Steve McCluskey, historiador de la Universidad de West Virginia (EEUU): "Nadie estudia ya un yacimiento como Stonehenge alineando sencillamente las posiciones en un mapa para llegar a la conclusión de que observaban el Sol. Más bien se plantea por qué razón el hombre neolítico que construyó Stonehenge tenía interés en observar el Sol, qué tipo de sociedad era la de la época (hoy sabemos que eran agricultores) que daba tanta importancia al Sol. Ese tipo de preguntas son las que han aglutinado a especialistas en dos ramas de la ciencia para estudiar y debatir sobre la Astronomía en la cultura, de modo que ahora se entienden las cosas mucho mejor y la cooperación es más estrecha." El programa de actos de las jornadas incluía una conferencia de divulgación sobre "El origen de las constelaciones", a cargo de Alexander Gurshtein, actualmente del Mesa State College (EEUU). Este científico ruso ocupó cargos de responsabilidad en la Academia Soviética de las Ciencias, de la que fue Subdirector de Asuntos Científicos, y participó directamente en la carrera espacial soviética. Cuando el programa espacial soviético empezó a declinar por los problemas financieros cambió su actividad por el estudio de la Historia de la Ciencia. Fue así como Gurshtein llegó a la Arqueoastronomía, de la que opina que es una ciencia compleja, pues "requiere los profundos conocimientos del cielo que tiene un astrónomo y a la vez es necesario comprender los procesos históricos como algo evolutivo, no estático. Y no cualquier astrónomo cumple estas condiciones sostiene-, sólo unos cuantos. Para estudiar el origen de las constelaciones es preciso conocer profundamente la dinámica de la bóveda celeste y, además, comprender su simbolismo y sus connotaciones culturales. Lo mismo sucede con los historiadores. Ellos conocen los procesos históricos pero les faltan conocimientos astronómicos como la precesión de los equinoccios o los solsticios, por ejemplo, esenciales para explicar el origen de las constelaciones." Gurshtein subraya los enormes progresos conseguidos a lo largo de estos años de reuniones sobre Arqueoastronomía, no sin reconocer las dificultades que supone el carácter multidisciplinar de esta rama de la ciencia. "El problema está explica Gurshtein- en que intervienen astrónomos, arqueólogos, historiadores..., y la pregunta es si existe la Arqueoastronomía como ciencia. Nuestra responsabilidad y nuestro deber es crear una comunidad científica para la Arqueoastronomía compuesta por especialistas de todos esos campos mencionados. Conferir a tal comunidad un carácter académico y profesional con temas y metodología propios es una tarea ardua y lenta, igual que lo es conseguir el reconocimiento de las autoridades científicas a nivel internacional. Hoy en día contamos con un organismo internacional representativo, como la SEAC, y con los Congresos Oxford como foro regular de encuentro, algo extremadamente importante." Una de las consecuencias de estos años de encuentros es que a los debates se han ido sumando otros estudiosos como, por ejemplo, especialistas en folklore que analizan el papel que en él puede tener la Astronomía, y "estudian explica Steve McCluskey- cómo los distintos pueblos, no ya una élite de sacerdotes, entendían el cosmos, de modo que el rompecabezas se va completando con el análisis de los distintos aspectos y manifestaciones de la cultura." Entre esos otros especialistas se encuentran artistas que encuentran en la Astronomía una fuente de inspiración para su obre. Es el caso del escultor norteamericano John David Mooney, autor de importantes obras al aire libre en los EEUU para quien crear obras de arte destinadas a espacios públicos "requiere la búsqueda de elementos universales capaces de comunicar con todo el mundo, y el verdadero elemento universal que subyace a la diversidad cultural es la noción del Cosmos y el lugar que el ser humano ocupa en el Universo, de ahí proviene la universalidad de mi trabajo", comenta Mooney. "La Astronomía es la ciencia que me proporciona ese lenguaje universal, pues está directamente relacionada con la gente y, si somos capaces de invocarla de algún modo, se convierte en un símbolo importante." Un "universo" variado y diverso COMITÉ ORGANIZADOR CIENTÍFICO:S.C. McCluskey, J.A. Belmonte, J. Broda, J.B. Carlson, A. Gurshtein, W.B. Murray, R.E. White, M. Ziolkowski, C.L. Ruggles, S. Iwaniszewski, C. Esteban, J. Galindo. LOCAL ORGANISING COMMITTEE C. Jaschek, J.A. Belmonte, C. Esteban, A. Tejera, J.J. Jiménez, M. A. Perera, R. Schlueter, O. González,M.R. Pérez de Taoro, M. Murphy, M. J. Alemán Dirección en Internet: http://www.iac.es/oxford6/oxford6.htm |
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