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N. 1-1999

SUMARIO

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A la izquierda, la galaxia esferoidal de Pegaso, observada con el telescopio Hale de 5 m de Monte Palomar (California, Estados Unidos). A la derecha, la galaxia esferoidal de Casiopea, observada con el telescopio Hale de 5 m de Monte Palomar (California, Estados Unidos).

LAS NUEVAS GALAXIAS DEL GRUPO LOCAL

En agosto de 1998, Igor Karachentsev, del Observatorio Astrofísico Especial de Stavropol (Rusia), y Valentina Karachentseva, de la Universidad de Kiev (Ucrania), anunciaron el descubrimiento de dos probables nuevas compañeras de la galaxia de Andrómeda, a las que se denominó Pegaso y Casiopea, según la costumbre de llamar a las galaxias más próximas con el nombre de la constelación en que se encuentran. Simultánea e independientemente, Taft Armandroff, de Kitt Peak (Arizona, Estados Unidos), anunció el descubrimiento de lo que podría ser una nueva galaxia satélite de Andrómeda, a la que designó como Andrómeda VI, indicando simplemente que podría tratarse de la sexta de sus satélites menores. El Investigador Principal del proyecto de Poblaciones Estelares del IAC, Antonio Aparicio, describe en este artículo la participación de su equipo en la confirmación de estos resultados.

Antonio Aparicio

Circunstancialmente, en aquellos días de agosto de 1998 disponíamos de dos noches de observación con el Hale, el legendario telescopio de 5 m de Monte Palomar, en California. Carme Gallart, por entonces en la Institución Carnegie en Pasadena (Califronia, Estados Unidos), hizo las observaciones. Los anuncios de los descubrimientos eran tan recientes que ni siquiera sabíamos a cuál de las dos galaxias de Karachentsev y Karachentseva correspondía la de Armandroff o si, en realidad, era una distinta. En el telescopio, supimos que Andrómeda VI era la misma que Pegaso y la observamos junto a Casiopea. Pocos días después, David Martínez, del grupo del IAC, repetía las observaciones con el pequeño telescopio IAC-80, en el Observatorio del Teide (Tenerife), con el que obtuvimos una mejor calibración de los datos.

Antes de seguir, es necesario señalar que las galaxias son objetos muy abundantes en el Universo. Podríamos decir que, lo mismo que las células son los elementos esenciales de los organismos vivos, las galaxias lo son del Universo. Por supuesto, las galaxias tienen componentes más simples: las estrellas, los planetas, los cúmulos estelares, las nubes de gas. Y también se agrupan entre ellas para formar cúmulos de galaxias. A los cúmulos de galaxias menos poblados se les llama "grupos". Nuestra galaxia, la Vía Láctea, pertenece al Grupo Local. Es más, la Vía Láctea y Andrómeda son las galaxias mayores del Grupo Local y dominan desde el punto de vista gravitatorio y de la luz que emiten. Además, en el Grupo Local hay entre 30 y 40 galaxias menores más, muchas de ellas muy pequeñas y que son satélites de las dos gigantes.

El Grupo Local

El interés por conocer a fondo el Grupo Local radica en que es ahí donde podemos averiguar más detalles sobre las galaxias que lo componen y sus propiedades globales. Lo que sepamos sobre el Grupo Local podremos después aplicarlo a grupos y cúmulos más distantes y, por tanto, más difíciles de estudiar. Pero a pesar de estar dentro de él, distamos aún mucho de conocer sus propiedades con detalle. Para empezar, ni siquiera podemos estar seguros de disponer de un inventario completo de las galaxias que lo componen ni de su distribución espacial (distancias al centro de gravedad del grupo). De tanto en tanto, cada varios años, se descubren nuevas galaxias enanas que, como Pegaso y Casiopea, se encuentran dentro o en las inmediaciones del Grupo Local. El hecho no tendría trascendencia si se tratara de galaxias lejanas: hay tantas en el Universo que cualquiera, de un vistazo a una buena imagen profunda del cielo, puede identificar unas cuantas nunca antes vistas. Pero la cosa cambia radicalmente cuando se trata de una de nuestras inmediatas vecinas, que estuvo ahí desde el propio origen del Grupo Local, pero que ha pasado desapercibida hasta ahora.

Galaxias enanas

La razón por la que estas galaxias son tan esquivas es que son realmente débiles y difusas. Muchas son apenas distinguibles del fondo de estrellas pertenecientes a nuestra propia galaxia, la Vía Láctea. Por esta razón, existen programas específicos de búsqueda de estas pequeñas galaxias próximas, casi fantasmales. Cuando se descubre una nueva galaxia de estas características con indicios de que pueda estar muy cerca, el interés inmediato es poder determinar su distancia y esbozar sus propiedades globales; en particular si se trata de una galaxia con formación estelar reciente o no, con grandes cantidades de gas o no. En estas propiedades se basan los primeros indicios que podemos tener sobre las interacciones de la galaxia con sus vecinas en el Grupo Local, sobre todo, con las gigantes Andrómeda y la Vía Láctea.

De esta forma, aprovechamos el hecho de contar con esas dos noches en Monte Palomar y de la disponibilidad del telescopio IAC-80 y realizamos las primeras observaciones detalladas de las dos galaxias. Semanas más tarde tenía lugar un congreso internacional en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), donde presentamos los resultados. Pero no se pudo esperar hasta entonces para mostrarlos: en el aeropuerto de Londres, punto de escala de muchos vuelos hacia Sudáfrica, la excitación que el descubrimiento de las nuevas galaxias había producido entre los colegas que, procedentes de los más variados lugares, se dirigían hacia Ciudad del Cabo y la impaciencia por ver los primeros resultados y por saber si eran o no realmente miembros del Grupo Local era tal, que tampoco nosotros pudimos contener nuestro deseo de mostrar lo esencial, aunque fuera de forma improvisada.

Y lo esencial es que estas dos galaxias son dos nuevos miembros del Grupo Local. Se encuentran aproximadamente a la misma distancia de nosotros que Andrómeda (unos 800 Kpc, que equivalen a unos 2,5 millones de años-luz) de la que, a su vez, distan unos 300 Kpc (950.000 años-luz). Cabe pensar, por tanto, que son dos satélites de esta galaxia. En ninguna de las dos hay evidencias de formación estelar reciente (que podría, en cualquier caso, estar presente a un ritmo muy bajo), lo que indica que se trata de galaxias enanas de las llamadas esferoidales, con muy poco o ningún gas. Las galaxias de este tipo podrían haber sido las primeras que se formaron en el Grupo Local (y en el Universo en general). Las galaxias gigantes, como Andrómeda y la Vía Láctea, se podrían haber formado, al menos en parte, por aglomeración de galaxias enanas de este tipo. Si esto fuera así, Pegaso y Casiopea, junto con otras 15 o 20 galaxias de similares características del Grupo Local, podrían ser los restos no utilizados en la construcción de las galaxias mayores.

INVESTIGADORES:

Antonio Aparicio (IAC)

David Martínez (IAC)

Carme Gallart (Institución Carnegie, EEUU)

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Nota de prensa sobre este artículo

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Tratamiento digital de imágenes: Gabriel Pérez