Diario del Viaje


"Presenciar un eclipse total de Sol es un privilegio que se le ofrece a muy poca gente. Sin embargo, una vez que se ha visto, es un fenómeno que no se olvida jamás. El cuerpo negro de la Luna resaltando... en siniestro relieve entre el Sol y la Tierra; la repentina y gloriosa brillantez de la perlada corona, imposible de observar en ningún otro momento; las protuberancias escarlatas elevándose desde la superficie del oculto Sol hasta alturas de muchos miles de millas; la desacostumbrada presencia de las estrellas más brillantes y los planetas durante el día; la oscuridad de un crepúsculo, y la brisa extraña en el aire. Hay algo en todo esto que afecta incluso a los nervios más templados, y es casi con un suspiro de alivio que saludamos el regreso del amistoso Sol".

Isabel M. Lewis, 1924
A Handbook of Solar Eclipses



En esta sección incluimos el diario del viaje, actualizado cada 24 horas con enlaces a las imágenes de la webcam. Realizada a bordo de las caravanas de la expedición, y con las lógicas complicaciones e inherentes dificultades de hacerlo en esta situación, ofrecemos las incidencias del viaje ordenadas cronológicamente. Disculpad nuestras limitaciones.

Para poder hacer este diario, llevamos un PC portátil con el que elaboramos las páginas de Web, así como una cámara digital. Cada día, via ftp, y a través de un teléfono móvil y/o vía satélite conectado al ordenador, realizamos las actualizaciones del diario y de las secciones de la web que lo demandaron.


Shelios ´99: Diario del Viaje

  • Sábado 31 de julio de 1999: Barcelona - Figueres (España)

    ¡Salida de la expedición SHELIOS ´99! Comenzamos nuestra aventura una lluviosa mañana de sábado (esperemos que sean las únicas nubes que veamos en el viaje...), con la presentación de la expedición y rueda de prensa en las instalaciones del Museu Marìtim de Barcelona a las 12 del mediodía, como estaba previsto. Somos un total de séis vehículos caravana, un jeep con remolque para los dos globos aerostáticos, y una moto BMW R 850 GS que servirá como enlace entre todos; y a los que hemos bautizado con los nombres de Santa María (la "nave capitana", desde donde se dirige la expedición) Pinta, Niña, Elcano, Magallanes, Viking, Apollo y Libertad, respectivamente.

    Después de la presentación, y que uno de los globos hiciese un vuelo cautivo a pocos metros de altura justo al lado de la estatua de Colón, con la consiguiente expectación del público, los 28 miembros de Shelios ´99 partimos rumbo a Olesa de Montserrat (Barcelona) y Figueres (Girona), donde se dieron sendas charlas de divulgación sobre el eclipse, la expedición y el Sol. Agradecer a los sendos Ajuntaments de estas ciudades su inestimable colaboración.

  • Domingo 1 de agosto de 1999: Figueres (España) - Lyon (Francia)

    Tras hacer noche en las instalaciones de un colegio en Figueres, partimos a las 09:30 rumbo a la frontera francesa, que cruzamos sin novedad. A partir de aquí, haremos cientos de kilómetros diarios y cruzaremos siete paises hasta llegar a Turquía el 9 de agosto.

    A mediodia, sufrimos un atasco de casi media hora de duración en la autopista del Languedoc, debida por una parte al accidente de un coche con roulotte, y por otra al denso tráfico por ser 1 de agosto. No tuvimos mayores incidencias que reseñar que comprobar las bondades del cocinero de la expedición, Javier, ayudado por Mónica, Adela y Borja, y que a pesar de la escasez de medios alimentaron más que dignamente a 28 bocas hambrientas bajo un sol de justicia en un área de servicio; y el inevitable "ajuste fino" entre todo y todos.

    Por la noche, y desde los jardines de un aparcamiento al lado de una gasolinera en las afueras de Lyon, hicimos un interesante experimento, consistente en instalar el telescopio, cámara y CCD, con su polarizador y obturador, para realizar un ensayo de la observación del eclipse. Para ello, se tomaron imágenes de la Luna menguante, pocos días después de su fase de llena, y cuyo brillo es muy similar al de la corona solar en la fase de totalidad. Los datos obtenidos por Inés, la responsable del área científica, y Cristina, su ayudante estudiante de doctorado, fueron muy valiosos, pues sirvieron para tener una primera aproximación de la secuencia de actividades que llevaremos a cabo durante el propio eclipse.

  • Lunes 2 de agosto de 1999: Lyon (Francia) - Zürich (Suiza)

    Después de los 500 kilómetros recorridos ayer por Francia, y la jornada maratoniana del primer día, el cansancio hizo mella, y dormimos profundamente. Nos pusimos en marcha a las 8:30 de la mañana, para pasar a Suiza un par de horas después, no sin un excesivo retraso de trámites de aduana...

    Más carretera tras la comida, y pernoctamos en un pequeño camping cercano a la ciudad de Winterthur, pasada Zürich, habiendo disfrutado del bello paisaje suizo. Gracias a Libertad, la BMW R 850 GS pilotada por Jesús Burgos, otro astrofísico del IAC, y que funciona como enlace y avanzadilla de nuestra caravana, el fotógrafo del grupo, Miguel Díaz, pudo tomar instantáneas de nuestros vehículos en las autopistas suizas desde el sillín de la moto. Juanjo, el cámara de TV, también ha hecho lo propio y ambos volverán a repetir experiencia.

    Tanto ayer como hoy, ya se han realizado en directo entrevistas via teléfono móvil para diferentes medios de comunicación españoles con el coordinador de la expedición, Miquel Serra. También es de destacar que en estos primeros días, y a pesar de quedar todavía más de una semana hasta el 11 de agosto, ya nos hemos encontrado en nuestra ruta con varios grupos de personas que se dirigen a diferentes lugares de Europa con el propósito de observar el eclipse... Mañana llegaremos a Alemania.

  • Martes 3 de agosto de 1999: Zürich (Suiza) - Munich (Alemania)

    Hoy ha sido una etapa corta, de transición, unos 300 kilómetros, bordeando el lago Constanza (después de que nuestro equipo de TV; Cristina, Joaquín, Juanra y Juanjo, hayan filmado este bello lago), para tomar dirección norte hacia la capital de Baviera, Munich, y abandonar el país Helvético. Ha cambiado el tiempo, y en lugar del sol y el calor de los días pasados, ahora tenemos un clima más Centroeuropeo, lluvia y fresco. Mejor ahora que no luego...

    Esta tarde, a las 18 horas, Miquel e Inés dieron la cuarta de las charlas de divulgación de la expedición en el Max Born Gimnasium, un Instituto de Enseñanza Primaria en la ciudad de Germering, cerca de Munich. Después nos encaminamos de nuevo a un camping en la misma ciudad para tratar de descansar, pues mañana nos espera una etapa dura, casi 700 kilómetros hasta la capital de Hungría, Budapest. De momento seguimos razonablemente el horario marcado gracias a la red de autopistas (y a pesar de los peajes, los repostajes y las demás paradas inevitables), llevando una media de 65-70 km/h. Estadísticas de marcha que Teresa, diligentemente, está llevando. Eso sí, todas las noches acabamos tarde y, claro está, muy cansados.

  • Miércoles 4 de agosto de 1999: Munich (Alemania) - Budapest (Hungría)

    Ya sólo queda una semana para el eclipse, y en el quinto día de ruta, hemos cruzado Austria de oeste a este aproximadamente por la línea de totalidad y recorriendo casi 700 kilómetros. Aparte de atravesar Viena a propósito para poder filmar y fotografiar la capital austriaca, saliéndonos un poco de la ruta prevista, no hubo incidencias que reseñar hasta llegar a las 6 de la tarde a la frontera con Hungría. Allí la burocracia nos retrasó casi dos horas, haciendo que nuestra llegada a un camping en los alrededores de Budapest se demorase hasta cerca de las once de la noche, más de catorce horas después de la salida de Munich. Camping, por cierto, repleto de personas que iban a presenciar el eclipse, y que nos preguntaron por nuestra expedición.

    El día de hoy amaneció limpio y despejado, con algunas nubes altas. Buen clima de nuevo. Y seguimos recibiendo llamadas para concertar entrevistas. La mayor parte de ellas coordinadas por Juanjo Martín, un periodista que ya se embarcó en la expedición Shelios ´98. Y de nuevo hay que destacar en especial la ingente labor que están realizando nuestra gente de cocina, y los de logística, transporte y mantenimiento, Ricardo Porras y Juanma Cedrés.

  • Jueves 5 de agosto de 1999: Budapest (Hungría) - Bran (Rumanía)

    Salimos rumbo a la frontera rumana nada más terminar una entrevista para la cadena SER, en el programa de Iñaki Gabilondo. Estuvimos retenidos por la burocracia aduanera más de dos horas, y tras pagar más de 100.000 pesetas en visados, (y aquí mencionar la encomiable labor de Iván y Mario, nuestros dos "contables" encargados de que los presupuestos y gastos cuadren), entramos en el país más pobre de nuestra ruta, adelantando la hora local por el cambio de huso. Comimos pasadas las cinco de la tarde unas Lentejas Tres Naciones, así llamadas por haberse empezado a cocinar en Austría, cocido en Hungría, y degustado en Rumanía. Tal es el ritmo trepidante que llevamos para llegar a Turquía a tiempo.

    Hoy ha sido una etapa heroica, en la que todos los integrantes de la expedición hemos sufrido mucho para conseguir llegar al castillo de Bran, Rumanía (más conocido como el del Conde Dracula, en plena Transilvania) a más de 700 kilómetros de Budapest, y tras soportar casi 21 horas seguidas de viaje, desde las 10 de la mañana a las 7 de la madrugada del viernes 6, a través de las infernales carreteras rumanas, experimentando 37 y 38 grados durante el día, y menos de 15 por la noche, con humedades superiores al 80 % y mosquitos por doquier. Eso sí, mereció la pena ver el amanecer en los bosques de los Cárpatos Transilvanos, con la niebla descendiendo de los árboles y el Sol rojo saliendo por el horizonte. No lo olvidaremos fácilmente.

  • Viernes 6 de agosto de 1999: Bran (Rumanía) - Bucarest (Rumanía)

    Después de la paliza de ayer, esta mañana hemos descansado en los alrededores del Castillo de Bran, para salir camino de la capital rumana después de comer en un restaurante local. Casi cinco horas para hacer doscientos kilómetros dan de nuevo idea de la red viaria de este pobre pero bello país.

    A mediodía, Inés y Cristina volvieron a instalar el telescopio para probar los filtros neutros y chequear de nuevo el procedimiento a seguir en el eclipse. Y a medianoche, desde un parking de un Instituto en pleno centro de Bucarest, escribimos estas líneas con retraso debido a la maratoniana jornada de ayer. Esperamos soportar este ritmo hasta Kastamonu, que ya "sólo" se encuentra a 1.500 kilómetros. Como anécdota, reseñar que se nos ofreció la posibilidad -por 6 dólares USA- de dormir en camas ubicadas en la que fue residencia de veraneo de las hijas del fallecido dictador rumano, Ceaucescu.

  • Sábado 7 de agosto de 1999: Bucarest (Rumanía) - Bjala (Bulgaria)

    A las 10 de la mañana se dieron las dos últimas charlas de divulgación previstas, en el Palatul National al Copiilor de Bucarest. Queremos agradecer con énfasis todas las atenciones y ayuda que nuestros anfitriones, Mariana Tulbure y su família, nos prestaron en esta ciudad. La ducha que nos dimos con la manguera de riego de los jardines del palacio fue savia nueva en el axfisiante calor de la capital rumana.

    Séptima frontera: Bulgaria. Cruzamos al último país de Europa pasando sobre el Danubio. Es curioso que a la salida de Rumanía se nos cobrase una "ecotasa" por vehículo, cuando comprobamos que es un país con una contaminación ambiental galopante. E igualmente pintoresco es que a la entrada de Bulgaria, pagamos otra cantidad por "desinfección" de los vehículos, consistente en pasar con ellos en marcha por encima de un badén lleno de agua de color indefinible... La burocracia en esta ocasión sólo nos retrasó una hora.

    Avanzamos con rapidez rumbo este por las carreteras búlgaras, bastante mejores que las rumanas, y adelantamos unos 50 kilómetros de la etapa de mañana, para hacer noche en la localidad turística de Bjala, en la costa del Mar Negro. Gran parte del grupo optó por cenar fuera, en uno de los resturantes locales. E incluso llegar a bañarse al amanecer... El destino estrella de la expedición nos espera: Estambul.

  • Domingo 8 de agosto de 1999: Bjala (Bulgaria) - Estambul (Turquía)

    El tiempo sigue limpio y despejado, y las perspectivas meteorológicas parecen estupendas para el miércoles, día del eclipse. Llegamos a la última frontera del viaje, la turca, a las 14:30, y las múltiples tasas, visados y demás zarandajas no nos dejan partir hasta casi cuatro horas después, y eso no sin antes haber "repartido" gafas para ver el eclipse a todos los funcionarios de la aduana. Pero al menos ya hemos entrado en Turquía. Durante el resto de la tarde caminamos hacia Estambul cruzando paisaje mediterráneo, y decidimos quedarnos en un área de servicio a unos 50 kilómetros de la megalópolis de 12 millones de habitantes, para entrar en la ciudad durante el día mañana temprano.

    Esta tarde, Miguel Díaz, el fotógrafo de la expedición, con la ayuda de Jesús en la BMW, consiguió hacer la foto que buscaba: el convoy de caravanas silueteado sobre el sol poniente. También se están comenzando a organizar las tareas a realizar los días 10 y 11, asignando responsabilidades y preparando los experimentos. Momento es también de reconocer la dura labor de dos de nuestros conductores habituales, Eduardo y Viçens.

  • Lunes 9 de agosto de 1999: Estambul - Kastamonu (Turquía)

    Por fín hemos llegado... 4.500 kilómetros, siete paises y más de cien horas de carretera, pero logramos alcanzar nuestro punto de destino con apenas 6 horas de retraso sobre el horario previsto. Esta calurosa mañana, que dedicamos a una visita relámpago al centro de la fascinante Estambul, nos ha traído además la incorporación temporal al equipo de cinco personas más: Josep Lluis y Luis Miguel, de TV3 de Cataluña, Itziar y Blanca, del Instituto de Astrofísica de Canarias, y Carme, otra astrofísica más que trabajó en el IAC y ahora lo hace en EE UU. Un equipo de TeleCinco lo hará ya mañana en Kastamonu, y todos ellos nos acompañaran el día del eclipse para regresar a España la jornada siguiente.

    Y el primer incidente del viaje tuvo lugar poco después de salir de la capital turca: Jesús y Juanjo, el cámara de TV, fueron detenidos por la policía al verles filmando desde la motocicleta. La escaramuza se saldó por fortuna sin problemas gracias a la habilidad dialéctica de Jesús, aunque esto nos retrasó más de una hora, llegando a un boscoso puerto de montaña a casi 2.000 metros de altitud en las cercanías de Kastamonu pasadas las 2 de la madrugada, y donde pudimos comprobar la limpieza y oscuridad de los cielos de Turquía, observando algunas Perseidas tempraneras. La sensación de cansacio es mayúscula, pero el premio gordo está ya aquí mismo...

  • Martes 10 de agosto de 1999: Kastamonu (Turquía)

    Después de desayunar nos encaminamos a nuestro "campamento base", una zona de picnic a 16 kilómetros al sur de Kastamonu. El equipo científico a bordo de la Magallanes partió a buscar el emplazamiento ideal para realizar mañana las observaciones, con ayuda de una GPS para ubicarse lo más cerca posible de la línea central de totalidad. Al final, el lugar escogido se sitúa a 25 kilómetros al norte de Kastamonu, en una colina a unos 1.000 metros de altura, con todos los horizontes despejados dominando las llanuras circundantes.

    Y al anochecer se realizó una ascensión cautiva nocturna sobre las caravanas. El fuego dentro del globo hizo que varios de los vecinos de las granjas cercanas se acercasen hasta nosotros. El hospitalario pueblo turco nos trajo alimentos e invitó a comer y a cenar a los expedicionarios que llegaron buscando el emplazamiento de observación.

    Hoy ha comenzado ya la locura de los medios: más de 20 entrevistas para radios, y la incorporación de una TV más, TeleCinco, para el programa El Informal. A medianoche se hizo una última reunión preparatoria, dejando todo listo para el "gran día".

    El tiempo aquí es bueno, con algunas nubes dispersas de convección por el calor y las cercanas masas boscosas, pero esperamos que no molesten para la observación. Vimos una puesta de Sol preciosa, preludio del grandioso espectáculo de mañana.

  • Miércoles 11 de agosto de 1999: Kastamonu - Estambul (Turquía)

    Al amanecer de hoy, varios de los miembros de la expedición, escogidos por sorteo, vivimos una fascinante experiencia: los dos globos aerostáticos que Jesús González-Green y su familia trajeron (Nuria, su mujer; Constanza y Guiomar, sus hijas, y Curro, su sobrino), se elevaron con el Sol por encima de las llanuras de Kastamonu, en medio de un cielo limpio y despejado y acompañados únicamente del sonido de los quemadores que calentaban el aire que los hizo flotar. Pilotados por los propios Jesús y Curro, los globos aterrizaron sin novedad un rato después a unos kilómetros de distancia, cerca de un poblado, donde sus habitantes, haciendo gala de nuevo de una exquisita hospitalidad, nos dieron de desayunar y nos alojaron en sus casas hasta que el jeep de la expedición vino a recogernos.

    Todo el grupo nos pusimos a trabajar para tener todo listo para el gran momento: el equipo científico montando sus experimentos, los encargados de atender a los medios teniendo los teléfonos móviles y el vía satélite listos para las entrevistas, la webcam para tomar imágenes del campamento durante la totalidad, las personas a cargo del mantenimiento, las que habían de hacer y controlar un perímetro de seguridad... Los nervios fueron in crescendo hasta que comenzó la parcialidad cerca de la una de la tarde, y varias nubes de evolución diurna ocultaban de vez en cuando al Sol eclipsado aumentando nuestros nervios ya de por sí subidos de tono.

    La anécdota del día la protagonizó Juanjo, nuestro periodista, cuyo cumpleaños era este mismo día, y aparte de un regalo de excepción -el eclipse-, todos nosotros le cumplimentamos con una de las gorras de la expedición firmada y acompañada de la consabida canción.

    Por fortuna, la suerte estuvo con nosotros y pudimos contemplar en todo su esplendor la mágica belleza del Sol oculto por la Luna. A continuación incluimos unas declaraciones de tres de los responsables de la expedición, dándonos sus impresiones personales de este eclipse.

    Declaraciones del Dr. Miquel Serra-Ricart,
    Investigador del Instituto de Astrofica de Canarias,
    Responsable de Shelios '99:

    Sin ningún tipo de dudas hoy vivimos un gran eclipse. Después de un año preparándonos y 5.000 Km. de ruta por Europa, el día 10 de agosto por la mañana llegábamos a las cercanías de Kastamonu. GPS en mano buscamos un buen lugar para instalar nuestro observatorio y empezar a preparar los distintos experimentos a realizar. A pesar de no estar situados en el mismo centro de la línea de totalidad y por tanto disponer de 5 segundos menos de noche (la duración del eclipse en el lugar elegido fue de 2 minutos 12 segundos) nos instalamos en una colina de 1.000 m. de altura con el horizonte completamente libre, lo que hacía presagiar que podíamos vivir un gran eclipse. Y empezó la cuenta atrás. A falta de cinco minutos para el comienzo de la totalidad alguna nube dispersa amenazaba con ocultar al Sol mientras que el ordenador que controlaba el experimento principal no acababa de arrancar. Hasta el último momento vivimos en la incertidumbre pero mágicamente, al tiempo que el ambiente oscurecía, se dispersaron las nubes, el ordenador se encendió y de forma súbita desapareció el Sol mostrándose la corona en todo su esplendor. Fueron los dos minutos más intensos de mi vida. A mi alrededor la gente lloraba, saltaba, chillaba y yo no podía apartar los ojos de la corona, que se mostró inmensa en una noche con un espectador de excepción, Venús. Se tomaron medidas en los tres experimentos previstos, y a pesar de que todavía desconocemos los resultados finales, creo que valió la pena estar allí, donde un grupo de Españoles acompañados de gentes del lugar descubrimos un nuevo Sol.

    Era mi primer eclipse y lo llevaba soñando desde hacía más de dos años, al final las sensaciones vividas superaron todas mis expectativas.

    Quiero reiterar mi agradecimiento al grupo humano que forma la expedición sin cuyo esfuerzo hubiera sido imposible llegar a Turquía, a BANESTO por financiar la expedición y al Instituto de Astrofísica de Canarias por confiar en el proyecto. Finalmente una mención muy especial a esas gentes turcas que sin entendernos nos lo ofrecieron todo a cambio de unas simples gafas para presenciar el eclipse.

    Crónica Científica de la Dra. Inés Rodríguez Hidalgo.
    Investigadora del Instituto de Astrofica de Canarias,
    Responsable del Área Científica de Shelios '99:

    Sumidos aún en la excitación posterior al eclipse, los siguientes párrafos no van a resultar tan escuetos y precisos como un informe científico habitual. Trataré, sin embargo, de ofrecerles una crónica del desarrollo de los experimentos llevados a cabo por Shelios '99.

    No es posible hacer una valoración seria de los resultados sin un análisis al menos preliminar de los mismos, lo que resulta prácticamente inviable mientras nos encontramos en la larga y dura ruta de regreso a Barcelona. Pero sí puedo transmitirles mis primeras impresiones acerca de las observaciones realizadas.

    Comencemos por las medidas de temperatura, presión atmosférica y humedad tomadas a lo largo de la mañana del eclipse. Para su realización contamos con la colaboración de los expedicionarios Iván Aranda y Mario Jurado, ayudados por la compañera Carme Gallart que se unió a nosotros en Estambul para el día del eclipse.

    La pequeña estación meteorológica portátil demostró ser muy sensible a su ubicación, por lo que algunas de las fluctuaciones de temperatura registradas antes del eclipse no parecen fiables. Asímismo, el instrumento parecía presentar una notable inercia. Con estas puntualizaciones puedo informar de que un leve descenso de unos 2 grados centígrados fue percibido por el termómetro, aunque con un retraso de unos 5 minutos respecto al comienzo de la totalidad. Igualmente, con un retraso algo mayor, el barómetro detectó una disminución de la presión atmosférica en aproximadamente 0.4 milibares. La humedad ambiente mostró en las horas previas a la totalidad fluctuaciones del 35 al 51% (no olvidemos que había nubosidad variable) y se mantuvo constante en torno al 51% durante unos 10 minutos alrededor de la totalidad.

    Hablemos ahora del experimento SUN (Students Understanding Nature), una iniciativa del proyecto Gemini de la NASA. Dos radiómetros registraron la irradiancia solar (potencia recibida por cada metro cuadrado de la superficie terrestre, usualmente medida en watios/m2) en los rangos visible y UV del espectro, respectivamente. El responsable del arranque y supervisión del programa fue nuestro compañero Jesús Burgos. Con objeto de caracterizar el lugar de observación se registraron datos cada 3 minutos durante varias horas del día anterior al eclipse.

    Sin duda los datos más interesantes se obtuvieron desde 2 horas antes hasta 2 horas después de la totalidad, bajo la atenta vigilancia de Adela Iglesias y Curro Castillo, ya que Jesús Burgos debía ocuparse además de atender a los medios de comunicación. Una vez que nos encontremos de nuevo en el Instituto de Astrofísica de Canarias, las variaciones debidas al bloqueo parcial de radiación por la nubosidad podrán ser debidamente suavizadas. Pero ya desde ahora puedo decir que se detectó un notable descenso en la irradiancia visible en torno a la totalidad, acompañada de una disminución en la señal UV, siendo esta variación mucho más lenta, con una curva más ensanchada. Este era el resultado esperable teniendo en cuenta que la mayor parte de la emisión visible del Sol procede de la fotosfera, la superficie del Sol que es ocultada durante un eclipse total, mientras que la mayoría de la radiación UV solar se produce en la corona, única zona visible durante la totalidad.

    Por último, Cristina Abajas y yo misma fuimos las encargadas de llevar a cabo las medidas polarimétricas de la corona solar, de acuerdo con los numerosos ensayos que habíamos realizado previamente. En nuestro trabajo contamos con el inestimable apoyo de Javier Cosme (éste acordado previamente) y de Gotzon Cañada (éste espontáneo y oportuno, como siempre).

    Desafortunadamente, nubes y problemas técnicos inesperados aparecieron antes de la totalidad, impidiéndonos tomar medidas de calibración durante la fase parcial del eclipse, unos 45 minutos antes del momento del segundo contacto (T2), cuando todavía resultaba visible el centro del disco solar. Sin embargo, después de la totalidad sí pudimos obtener al menos algunas de estas imágenes de calibración que, aunque no imprescindibles, proporcionarán a los datos una mayor validez. A pesar de la nubosidad también pudimos tomar exposiciones de "flatfield" y "corriente de oscuridad", destinadas a corregir los datos, a posteriori, de la respuesta inhomogénea de los distintos puntos de imagen del detector y de la señal que éste registra aún cuando no recibe ninguna luz.

    La etapa realmente emocionante de la mañana de observación que estoy refiriendo duró escasamente 10 minutos: unos 90 segundos antes de la totalidad recuperamos la señal del ordenador. El telescopio no apuntaba en ese momento al Sol, ya que antes habíamos estado midiendo luz del cielo para la corrección del "flatfield" y las nubes y los problemas técnicos no habían permitido el apuntado correcto. Gracias a la ayuda de Miguel Díaz Sosa, experto astrónomo de campo, y mientras anunciaba entrecortadamente los 60 y 30 segundos antes de T2, fue posible quitar el filtro neutro, reencontrar la estrecha rodajita de Sol todavía visible, apuntar el telescopio, preparar el programa, colocar el diafragma del objetivo y el tiempo de exposición en la posición correcta, gritar casi la cuenta atrás y... ¡¡¡comenzar a medir!!!

    Durante los 2 minutos y 11.4 segundos de totalidad, Cristina mantuvo admirablemente la serenidad y fue capaz de decir con voz clara el número de cuentas promedio de cada imagen. Por el contrario, yo he de reconocer que el cansancio, la excitación, el nerviosismo y una emoción inexplicable cuando el disco solar se ocultó por completo y apareció la corona en todo su esplendor me llevaron li-te-ral-men-te a sollozar cada operación de la sesión de medidas. Afortunadamente, se me quebró la voz y lloré como una Magdalena, pero conseguí que no me temblaran las manos ni me traicionara la memoria para poder realizar la secuencia prevista completa: para 3 orientaciones del polarizador lineal separadas 60 grados, con la de 0 grados de referencia en dirección N-S, se obtuvieron 10 medidas con 5 aperturas de diafragma y 2 tiempos de exposición diferentes, así como corrientes de oscuridad para esos 2 tiempos.

    Lamento no poder ofrecer información más precisa sobre los datos obtenidos, pero se precisaría un tiempo de tranquilidad para intentar leer y visualizar las imáagenes y tal vez hacerles una corrección preliminar de "flatfield" y "corriente de oscuridad". Prometo que podrán ver una de nuestras imágenes de la corona si esto es posible en algún momento del regreso.

    No me resigno a terminar esta crónica sin unas líneas algo más literarias: creo que la ocasión lo merece. Con todo respeto hacia quienes han sido madres, me permito la licencia de comparar la mañana del 11 de agosto de 1999 a un PARTO, a un parto con complicaciones de última hora, si bien breve al final, tristemente breve. Porque lo preparamos con mucho cuidado. Porque lo esperamos con ansiedad y curiosidad inmensas. Porque un par de minutos antes de la totalidad unos milagrosos forceps abrieron el vientre de las nubes para permitirnos observar la esperada oscuridad. Porque los 2 minutos y poquito que duró la totalidad fueron dolorosos y gozosos, agotadores y plenos al mismo tiempo.

    Un último apunte personal: a lo largo de mi trabajo de años en Física Solar puedo haber visto multitud de imágenes de la corona a cual más hermosa y llamativa.

    Pues bién: nada comparable ni de lejos al fascinante espectáculo de la aparición casi instantánea en torno al disco oscuro de la más bella diadema que pueda imaginarse. No se pierdan las imágenes obtenidas por nuestro cámara Juanjo Martín G. y nuestro astrofotógrafo Miguel Díaz Sosa, pero les aseguro que la percepción en directo es incomparable. Sin duda alguna, ha sido una experiencia absolutamente esencial e inolvidable.

    Declaraciones del Dr. Jesús Burgos Martín,
    Investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias,
    Expedicionario de Shelios '99, y conductor de la BMW:

    El pasado día 11 de agosto la naturaleza ha ofrecido uno de sus más curiosos espectáculos. Quizás por ser el último de este milenio, quizás por ser observable desde una de las zonas más habitadas del planeta, o quizás por las numerosas historias apocalípticas que lo han acompañado, el caso es que el eclipse total de Sol que ese día se ha producido ha constituido un fenómeno natural de inefable belleza, y un fenómeno social de gran alcance.

    Un grupo de 28 personas, rebelándose a este capricho natural de que este eclipse no visitara sus hogares, decidió desplazarse hasta uno de los puntos agraciados del planeta para disfrutar de tal evento. Con este propósito, la expedición Shelios '99, patrocinada por BANESTO y con la colaboración de BMW Ibérica, se ha desplazado hasta Kastamonu, una pequeña población al norte de Ankara, Turquía.

    La Santa María, Apollo, La Pinta, La Niña, Elcano, Magallanes, Viking y LIbertad, nombres dados a las séis autocaravanas, un jeep con remolque para dos globos aerostáticos y una motocicleta BMW, recorrieron unos 5.000 km. desde Barcelona hasta Turquía, pasando por multitud de capitales europeas donde científicos del Instituto de Astrofísica de Canarias -entidad que da soporte científico a la expedición- ofrecían charlas divulgativas sobre el eclipse.

    El día 11 amaneció parcialmente despejado en Kastamonu, con algunas nubes que despertaron la preocupación de los miembros de la expedición Shelios '99. Los dos globos aerostáticos emprendieron su vuelo a primera hora de la mañana, y llamaron la atención de algunos vecinos de la zona que se acercaron al punto de observación a interesarse por el tema.

    El punto elegido para la observación del eclipse, con ayuda de la motocicleta y de una GPS, fue una cima despejada desde la que se podía contemplar toda la bóveda celeste, y apenas tres o cuatro casas rurales a su base, donde caballos, terneros y otros animales intentaban hacer suyo el poco espacio que les había sido arrebatado.

    Las gentes de esas casas pronto se acercaron a darnos la bienvenida portando con ellos leche, huevos, mantequilla y yogur. Fue emocionante recibir esos obsequios y esa amistosa acogida. Nos invitaron a sus casas, y compartieron todo con nosotros y nosotros con ellos hasta nuestra partida.

    Las nubes empezaban a ser preocupantes; el eclipse total debía producirse poco antes de las 14:30 hora turca, y el cielo seguía cubriéndose. La preocupación se sentía en el ambiente, todos deseábamos ver culminado con éxito este incansable viaje, pero la madre naturaleza dispone cómo y cuándo ofrece sus espectaculares manifestaciones.

    Con el eclipse parcial ya muy avanzado, y a falta de escasos cinco minutos para el eclipse total, el Sol seguía empobrecido por nubes que, como celosas y puritanas guardianas, ponían todo su empeño en que el Sol no mostrara sus atractivos mejor guardados: la corona solar, la zona más externa del Sol.

    Podían reconocerse grupos de personas muy particulares que en este punto de observación sufrían y disfrutaban esos minutos anteriores a la totalidad del eclipse: científicos y técnicos realizando las últimas comprobaciones del instrumental, medios de comunicación que no querían perderse detalle, meros espectadores, niños correteando a nuestro alrededor, algunos policias y militares interesados que circulaban por la zona, etc., y esas nubes seguían cubriendo de forma intermitente el majestuoso Sol que iniciaba su cuenta atrás.

    La preocupación y desilusión que iba apoderándose de nuestros corazones se tornaron en desesperación cuando se sufrió un serio problema técnico en el experimento científico de mayor relevancia que pretendíamos llevar a cabo. Este tipo de problemas son típicos cuando se realizan observaciones de campo, pero la diosa casualidad quiso que ocurriera a escasos minutos del eclipse total, y castigó aún más a los que allí nos encontrábamos.

    Un cielo cada vez más cubierto, con escasos claros, y un serio problema técnico a pocos minutos, hirió practicamente de muerte a todos los miembros de Shelios '99. No éramos capaces de manifestar lo que sentíamos, quizás por el cansancio acumulado, por toda la ilusión y trabajo que habíamos puesto en llegar hasta aquí.

    A falta de dos minutos para la totalidad, cuando ya se daba todo por perdido, las habilidades técnicas de unos pocos, la sangre fría de otros, y la coordinación de todos hicieron que la Dra. Inés Rodríguez Hidalgo y su ayudante Cristina Abajas, responsables de ese experimento, tuvieran controlados de nuevo sus equipos de medida: los extraños códigos de las pantallas volvieron a delatar con continuidad el estado normal de los componentes electrónicos listos para la observación.

    Como unas manos, la desesperación, la preocupación, la parcial euforia por la resolución del problema técnico, abrieron el cielo dejando, a falta de un minuto, un amplio claro que garantizaba una observación perfecta del momento del ocultamiento.

    Quedaban pocos segundos, todos observábamos el Sol con nuestras gafas protectoras y tímidamente, comenzamos a quitárnoslas cuando el día se hizo crepúsculo. Al iniciarse el ocultamiento total el silencio se apoderó de todos nosotros, y se convirtió en grito de emoción cuando la corona solar fue lo único que del Sol podía verse.

    Las temperaturas parecieron descender sensiblemente, los gritos de asombro no paraban de sucederse, la emoción, el llanto y las lágrimas se apoderaron de todos nosotros, e incluso de aquellos que tomaban medidas y que debían mantener serenidad en beneficio de la ciencia.

    Sabemos que la vida nos deparará a todos nosotros cosas mejores e impactantes, pero con absoluta seguridad nada volverá a ser similar a aquellos pocos minutos cuando el Sol susurró en nuestros oídos que si es el orígen de la vida en la Tierra que no otras cosas puede hacer o mostrar.

    Cuando esos dos minutos terminaron, sólo recuerdo lágrimas en los ojos, caras de asombro, sonrisas que despertaban y se convertían en gritos, abrazos, unos disparos al aire de los militares que allí se nos unieron como su particular homenaje, y un único comentario: todo esfuerzo había merecido la pena.

    Realimentando entre todos nuestro recuerdo, pasadas unas horas después de que todo sucediera, la comparación que surgió, posiblemente absurda, es que un doloroso parto había tenido lugar, y que la madre naturaleza crea y procrea seguramente a su antojo y no al nuestro.

    La misma naturaleza que mostró uno de sus grandes atractivos ese día 11 en Turquía, ha elegido también como escenario este lugar para provocar en él, escasos días después, suficiente temblor con el que resquebrajar tierra y corazones turcos, quienes en poco tiempo han podido contemplar la cara y la cruz de quien domina sus destinos.

    SHELIOS, un grupo de expedicionarios a la caza de eclipses totales, volverá a viajar en junio de 2001; esta vez a Angola.

  • Jueves 12 de agosto de 1999: Estambul (Turquía) - Dimetrovgrado (Bulgaria)

    Ayer, después de terminar la observación del eclipse y recoger todo nuestro material, dejamos la colina de Kastamonu tomando el largo camino de vuelta a casa. Durante los próximos tres días tendremos que realizar turnos para conducir ininterrumpidamente hasta llegar a Austria para poder alcanzar Barcelona la tarde del 17 de agosto. Comenzamos esta noche haciendo más de 500 kilómetros y llegar a las 5 de la madrugada del día 12 a unos 70 km. de Estambul. Pretendíamos haber hecho un vuelo en globo desde la costa Asiática del Bósforo hasta la Europea, pero la falta material de tiempo y el tremendo cansancio debido al ritmo frenético que llevamos nos hizo quedarnos en un área de servicio de la autopista a Estambul para dormir unas pocas horas.

    La jornada de este jueves de agosto, el "día después", ha sido de carretera y rutina: desde Estambul hasta cruzar la frontera con Bulgaria en Edirne, y continuar conduciendo toda la noche. A las 12 AM, el día 13 nos llegó en las cercanías de Dimetrovgrado, a menos de 100 kilómetros de las lentas aduanas turcas.

  • Viernes 13 de agosto de 1999: Dimetrovgrado (Bulgaria) - Giurgiu (Rumanía)

    Paramos por el cansancio a las 02:30 de la madrugada para descansar unas horas hasta el amanecer, y continuar de nuevo nuestro camino sin parar para poder cumplir el horario. Hoy dejamos atrás Bulgaria sin mayores incidencias y arribamos a la frontera rumana a última hora de la tarde, donde otra vez la burocracia nos retiene hasta medianoche pagando tasas, visados y cumplimentando el carnet ATA, para el tránsito de mercancías -el material científico que llevamos-.

  • Sábado 14 de agosto de 1999: Giurgiu (Rumanía) - Budapest (Hungría)

    Esta nublada y lluviosa jornada nos llevó a través de casi 700 kilómetros, cruzando el país balcánico de sureste a noroeste, circunvalando Bucarest en la madrugada por una ¿carretera? de tercer orden, con escaramuzas con la policia incluidas -pretendiendo cobrar multas absurdas: o sea, dinero fresco-; pero también disfrutando del amanecer en los Cárpatos meridionales, y de un desayuno con tortillas y café en un local de carretera donde nos recibieron con música española a todo volumen. Otra vez un país entero en un solo día... Hicimos turnos de séis horas de conducción entre todos durante 24 horas, y por fín pasamos la última frontera conflictiva al atardecer, entrando en Hungría y alcanzando su capital, Budapest, cerca de la medianoche. Las autopistas y la Europa sin aduanas están ya a la vuelta de la esquina. Esta madrugada llegaremos a Austria.

  • Domingo 15 de agosto de 1999: Budapest (Hungría) - Venecia (Italia)

    Tras dormir en un área de servicio a las afueras de Budapest, esta mañana hemos partido temprano y con ánimo, pues la cercanía del fin del viaje y el tirón de casa nos dan fuerzas de flaqueza para afrontar estas últimas horas de aventura. Por fortuna, el buen estado de las carreteras y el entrar en la Unión Europea sin fronteras nos permiten hacer una media de 100 kilómetros por hora con nuestras caravanas, de tal manera que poco después de mediodía entramos en Austria, y a media tarde lo hacemos en Italia, atravesando las estribaciones de los Alpes por un bello paisaje de montaña. Es un ritmo de marcha frenético, que nos hace llegar a Venecia a las diez de la noche.

    En la ciudad de los canales aparcamos los vehículos, y nos permitimos el lujo de embarcar en el vaporetto para ir a cenar y pasear en la noche de esta mágica localidad del Adriático. Es un descanso que nos merecemos...

  • Lunes 16 de agosto de 1999: Venecia (Italia) - A unos 60 km. de Marsella (Francia)

    Pocas novedades que contar las de estas postreras jornadas de viaje: carretera, carretera y carretera. Salimos algo tarde hoy de Venecia (las 09:15 de la mañana), recorremos la base de la península italiana de este a oeste, entramos en la Costa Azul de Francia por la tarde, y después de cenar un bocadillo, seguimos por la autopista varias horas más, hasta la 1 de la noche, para avanzar en nuestra ruta y quedarnos lo más cerca posible de Barcelona, el final de nuestro viaje. Mañana día 17 habrá terminado la aventura Shelios '99, que los veintiocho integrantes de la expedición recordaremos siempre por su dureza, pero también como una extraordinaria y maravillosa experiencia.

  • Martes 17 de agosto de 1999: Marsella (Francia) - Barcelona (España)

    Dicen los poetas que las despedidas siempre son tristes, y que los reecuentros, a pesar de ser felices, lo pueden ser más. Esa mezcla de sensaciones hemos tenido todos los ya para siempre compañeros de la expedición Shelios '99 al llegar a casa: felicidad por terminar con éxito este duro reto al que nos sometimos, y tristeza por que termine la aventura.

    En esta última jornada de carretera, los 500 kilómetros finales nos llevaron de nuevo al Museu Marìtim de la Ciudad Condal, de donde partimos 18 días antes llenos de ilusiones, y donde retornamos mucho más cansados de lo que suponíamos, pero también mucho más satisfechos. A las 18 horas tuvo lugar una rueda de prensa en el exterior del Museu, donde se presentó un breve balance de nuestra expedición. Shelios '99 ha cumplido con creces sus objetivos y expectativas: Ciencia, Divulgación y Aventura en pos de la efímera sombra lunar. Durante la cena que todos juntos celebramos esta noche, el brindis con cava no pudo ser más explícito pensando en un acontecimiento, un lugar y una fecha; Eclipse Total de Sol, Angola, 21 de junio de dentro de dos años: Shelios 2001 ya está en marcha.


    No queremos dejar de hacer una referencia al desastre humanitario que ha supuesto para el pueblo turco el devastador terremoto que ha sufrido todo el noroeste del país, ciudades y carreteras por las que nuestras caravanas pasaron ajenas al imninente horror que estaba a punto de suceder. Fuimos afortunados, y precisamente por recordar con cariño la hospitalidad y humanidad de las gentes de Turquía, enviamos nuestra más afectuosa solidaridad para todos los afectados por esta calamidad. Nuestro corazón y nuestros pensamientos estan con vosotros.


Textos del Diario escritos por Ángel Gómez Roldán, y revisados por Miquel Serra-Ricart.


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