Durante los últimos días de febrero de 2026 el cielo del atardecer ofrecerá un espectáculo astronómico especialmente llamativo, ya que seis planetas y la Luna coincidirán en el firmamento y podrán observarse simultáneamente si las condiciones meteorológicas lo permiten. Esta configuración celeste convierte estas fechas en una ocasión excelente para salir a contemplar el cielo y familiarizarse con la disposición de los planetas visibles desde la Tierra.
Poco después de la puesta de Sol comenzarán a hacerse visibles los planetas más brillantes. A simple vista será posible reconocer a Mercurio, Venus, Saturno y Júpiter, distribuidos a lo largo del cielo del oeste y del sur, mientras la Luna acompañará la escena desplazándose cada noche y mostrando una fracción creciente de su superficie iluminada. Entre el 26 de febrero y el 1 de marzo pasará aproximadamente de un 68 % a un 94 % de iluminación, lo que hará que su posición relativa respecto a los planetas cambie ligeramente de una jornada a otra.

Otros dos planetas también formarán parte de esta alineación, aunque su observación requerirá ayuda óptica. Neptuno se encontrará muy próximo a Saturno en el cielo, mientras que Urano aparecerá en las cercanías del cúmulo de las Pléyades, ambos demasiado débiles para detectarlos sin prismáticos o telescopio, pero accesibles para quienes dispongan de estos instrumentos.
El momento más favorable para iniciar la observación será entre treinta y cuarenta minutos después del ocaso. En ese intervalo el cielo habrá oscurecido lo suficiente para empezar a distinguir los planetas, aunque Mercurio y Venus permanecerán bajos sobre el horizonte oeste y se ocultarán aproximadamente cincuenta minutos tras la puesta de Sol, por lo que conviene localizarlos primero. Saturno seguirá visible durante cerca de una hora y media si se dispone de un horizonte oeste despejado, mientras que Júpiter brillará en el cielo durante buena parte de la noche, hasta casi las 04:30 de la madrugada.

Para disfrutar mejor del fenómeno resulta aconsejable elegir un lugar con el horizonte occidental libre de obstáculos y, en la medida de lo posible, alejado de la contaminación lumínica. Un punto elevado puede facilitar la observación, aunque no es imprescindible; lo más importante es contar con un cielo relativamente oscuro y despejado y tomarse unos minutos para que la vista se adapte a la oscuridad.
Las simulaciones del cielo para estos días muestran que la configuración general apenas varía de una noche a otra, aunque se producen pequeños cambios en la posición aparente de Mercurio y Venus y, sobre todo, en la de la Luna, que avanza rápidamente sobre la eclíptica. Esta combinación de factores hará que cada atardecer ofrezca una escena ligeramente distinta, invitando a observar el cielo durante varias noches consecutivas para seguir la evolución de esta destacada alineación planetaria.