Paris Pişmiş: La astrónoma turca con pasaporte mexicano

Paris Pişmiş durante su última visita al IAC. Crédito: Carmen del Puerto.
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En 1994 tuve la oportunidad de entrevistar a Paris Pişmiş (las eses de su apellido llevan cedilla) durante su estancia en el IAC. Falleció en 1999, cuando tenía 88 lúcidos años. Hoy la recuerdo porque fue una eminente astrónoma y, sobre todo, una gran mujer. Su peculiar historia comparte escenario con la novela de Kenizé Mourad De parte de la princesa muerta. Como el personaje de la literatura, contaba que “vivió de niña la vigorosa revuelta de Mustafá Kemal (Atatürk, ‘el padre de los turcos’), que acabó con el decadente régimen de sultanato en Turquía”. También viajó y dejó parte de su vida en otros países, tan diferentes como Estados Unidos y México. Se confesaba una viajera incansable, atrevida y sencilla a la vez. Orgullosa de ser mujer de Ciencia, mantenía que la mente humana no tiene límite y que nada reemplaza al sentido común. Vinculada a la Universidad de Harvard en su juventud, la profesora Paris Pişmiş fue miembro del Instituto de Astronomía de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) y una de las astrónomas de mayor prestigio del mundo.

Hija de armenios, Paris Pişmiş nació en Estambul (Turquía), hacía más años de los que en realidad aparentaba en el momento de la entrevista. Su ilustre apellido, que en turco significa “bien cocido” o “bien maduro”, es algo así como un título nobiliario que le fue concedido al abuelo de su abuelo, entonces Ministro de Finanzas en Turquía, por cierto sultán en dificultades.

Además de armenio y turco en la “escuela primaria”, tuvo que aprender inglés y francés en la “escuela secundaria y preparatoria”. “Era una escuela americana -la American Mission Board-, que trataba de hacerse conocer en los ahora llamados países del Tercer Mundo, y Turquía era uno de ellos”, señalaba. Pese a las dificultades iniciales para seguir regularmente los cursos en inglés, Paris Pişmiş llegó a ser la primera de su promoción. Su idioma predilecto era el alemán; la inspiración de aprenderlo provenía de su gran afición: cantar Lieder de Schubert.

Después, las matemáticas llamaron su atención, que por su dificultad era algo a lo que las mujeres no solían acceder, según la creencia de entonces. Sin embargo, “si Madame Curie pudo hacer trabajos teóricos, por qué yo no”, se dijo. Paris Pişmiş tenía 18 años y todo el empeño por vencer el reparo a que ella, de buena familia y educada en escuelas femeninas, fuera a la universidad, donde se pensaba que las mujeres iban a divertirse o a encontrar marido. Expresado con sus propias palabras, lloró sistemáticamente hasta convencer a sus padres de que debía seguir estudiando.

En los últimos años de carrera, estudió Astronomía Teórica, llamando ya entonces la atención de su profesor. Pero tan pronto terminó los cursos, la Universidad tomó una dirección nueva. “Todos los maestros fueron jubilados y sustituidos por profesores que venían de Alemania, que escapaban de Hitler. La Universidad se llenó de profesores extranjeros, el 90%. También vinieron astrónomos conocidos, y yo trabajé con alguno de ellos, como Finley Freundlich, quien a diferencia de mis anteriores maestros sí había hecho investigación. Con mucha ilusión, empecé a trabajar con Freundlich, aprendí con él la astrofísica que no sabía y traduje sus cursos del inglés al turco; mientras tanto perfeccioné el alemán.”

Tras obtener el doctorado en Turquía, con una tesis dirigida por Freundlich sobre la rotación de nuestra galaxia, Paris Pişmiş permaneció más de tres años en Estados Unidos, en la sección de Astronomía de la Universidad de Harvard. Por esta universidad, la de mayor prestigio en aquella época, pasaban los astrónomos famosos, especialmente en 1939 (Shapley, Morgan…), con motivo de lo que fue la primera “escuela de verano”, en la que Pişmiş participó.

Tras casarse con Félix Recillas, un mexicano que conoció en Harvard estudiando Astronomía y después prestigioso doctor en Matemáticas, se marchó a México justo cuando se inauguraba el Observatorio de Astrofísica de Tonantzintla, y allí aprendió español, su sexto idioma. Cuatro años después estuvo de nuevo en Estados Unidos con una beca Guggenheim y de regreso a tierras mexicanas se incorporó a la Universidad, que tenía el Observatorio de Tacubaya, creado en 1878. “Allí empezamos a formar estudiantes. Yo era la encargada de impulsar y darle ‘sabor’ a la Astronomía. Tenía tres jóvenes que venían de la Facultad de Ciencias, Física y Matemáticas, con ellos empezamos a trabajar. Trataba de mostrar lo que tenía la Astronomía: teoría, por ejemplo, para que se dieran cuenta de que la Astronomía no era sólo ‘bla, bla, bla’, sino que tiene raíces.”

Fue miembro emérito formal de la UNAM. “En México –subrayaba- no se tiene que hablar necesariamente de jubilación. Disfruto de todos los derechos de mi instituto, no estoy jubilada y sigo trabajando. No lo hago muy rápidamente, pero siempre pienso.” Con pasaporte mexicano, Paris Pişmiş siguió viajando a Turquía una vez al año. A pesar de los agotadores viajes transatlánticos, visitaba Esmirna, donde se encuentra el grupo de Astronomía que ella misma ayudó a crear. Fue maestra de maestros, muchos de ellos de renombre internacional. En familia, también vivió rodeada de científicos: tanto sus dos hijos como su nieto, que en sus últimos años la acompañaba en sus viajes, están relacionados profesionalmente con la Astronomía y las Matemáticas.

“Astrónomo” era la profesión que acreditaban sus documentos y rara vez se dedicó a algo que no fuera la Astronomía, abordándola tanto en trabajos teóricos como en el plano observacional. Sólo dos grandes hobbies: la música –a los siete años aprendió a tocar el piano- y la pintura. Sentía el orgullo de haber pintado la primera cúpula ortogonal, telescopios a colores, un rincón del Observatorio de Tonantzintla y los maguey que desde él se observan, como si de estrellas se tratara.

Artículo publicado originalmente en la revista Paralajes: Mujeres en Astronomía.